—La verdad es que
es muy divertida. Un ejemplo de cine de serie B muy prototípico, a caballo ademásentre los 50
y los 60, dos
décadas de
producción
cinematográfica muy
interesante —dijo nuestro protagonista al acabar de ver La pequeña tienda de los horrores. —Para mí demasiado chorra y con un humor ya superado, Fran —le respondió Juan Gordal. —Yo creo que todavía funciona bastante bien, ves a todos los personajes y te ríes, la
historia tiene su gracia, y encima aparee alguna futura estrella antes de ser tan grande como luego fue.Nuestro protagonista se refería al cameo que realiza en la película Jack Nicholson, que es
uno más de los atractivos de este film, una comedia negra con un humor ácido y
extravagante sobre un dependiente de una floristería torpe y no muy inteligente que sin
embargo se esfuerza por llevar adelante el negocio y por conquistar a una compañera de
su trabajo, Audrie, de la que está enamorado. En este intento compra una planta que resulta
ser un vegetal carnívoro e inteligente que le exige comida, a ser posible carne humana.
Todo lo que pasa luego es un desfile de peripecia y gags absolutamente delirante y desenfrenado. —
—Aquí Jack Nicholson todavía no podía ser protagonista —dijo nuestro héroe—. Lo es
Jonathan Haze, un actor con un currículum nada despreciable en la serie B. —Y Nicholson labrándose la fama de histriónico desde el mismo principio de su carrera. —Joder, Juan, que sólo ves lo malo. Tan mal no estaría cuando casi treinta años después
hicieron un remake que fue un éxito tremendo. —Ya deberías saber, Fran, que no tengo muy buena opinión de los remakes. —No, ni yo tampoco, pero joder, tú ves esta película y aún te divierte. Y además no tiene el
típico final feliz chorra. —Bueno, disfrútatela, pero no me pidas que la vea. —Pues haría bien.
Ficha de la película, aquí.

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