—¿Estas son
horas de venir a tus años? —dijo Fran a Carolina Gordal cuando ésta llegó más tarde de la hora de la cena.—Yo ya tengo una edad, puedo hacer lo que me de la gana —respondió su hermana. —Pero mañana curras, y deberías ser más responsable. —Eso es asunto mío y... ¡hostia! —dijo Carolina—. ¿Qué habéis hecho aquí? ¿Por qué hay tanta luz? —Yo no he tocado nada —dijo nuestro protagonista.
En efecto la luz del baño emitía una extraña claridad que sorprendió a Fran. Lo más
probable era que Juan hubiera cambiado alguna bombilla por algún motivo. Pero Carolina
no pasó tan rápido sobre el asunto.
—Me deslumbra. Hay que hacer algo. —Bueno, ya veremos mañana —comentó Fran.Al día siguiente nuestro protagonista estaba preparándose el desayuno mientras Carolina
hacía los ejercicios gimnásticos de todas las mañanas. Pero Fran observó que los días ya
empezaban a cortarse en la época del año en que estaban y encendió la luz del salón.
—¡Apágala! ¡Me da en los ojos y me deslumbra!Así cayó nuestro protagonista en la cuenta de que su hermana estaba haciendo los ejercicios
a oscuras.
—Pero yo no quiero desayunar a oscuras. —Yo enciendo cuando acabe —dijo Carolina.
Fran estaba a punto de transigir, cuando Juan Gordal, que también se despertó a esa hora
entró en la habitación y encendió de nuevo.
—Apaga, apaga —gritó Carolina. —Yo creo que se está convirtiendo en vampira —sentenció nuestro protagonista. —Pues lo que nos faltaba ya en la familia —remató Juan.


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