Por fin era sábado
y Fran observaba
el botín que
entre su cuñada
Coralia y Carolina
Gordal le habían traído de Galicia: las dos, sin proponérselo habían juntado varias
botellas de distintos tamaños con diversos orujos y licores. Había el orujo más
típico para después de las comidas, licor de café del que tantas veces se veía
en lugares de gastronomía gallega, varios tipos de cremas con diferentes
sabores... Fran había decidido, con buen acuerdo que sólo tomaría alguno de esos
brebajes los fines de semana. Si tomaba uno cada día iba a acabar cocido, aparte
de que aunque eran muchas botellas le iban a durar poco. Una de las botellas
pequeñas le llamó especialmente la atención: una crema licor de cereza y chocolate
de color rosado. Era como si se hubiera diluido un bote de pintura rosa en una botella
de Baileys. Pues comenzaré por este, se dijo Fran. Descorchó la minibotella y
pretendió servirse medio vaso, no más del brebaje. Pero al volcar el contenido en
el vaso noto, con sorpresa, que medio vaso justo era el contenido de la botella. Una
vez servido no quedaba otra que bebérselo. Fran lo hizo y notó el sabor, extraño pero
agradable de aquella crema. Pedro después se quedó observando la botella vacía
pensando que ya se había ventilado una, que cada botella le iba a dar para muy poco y
que, encima, no había dejado nada para sus hermanos. Eso trajo consecuencias cuando
llegó Juan Gordal.
—¿Ya te has pimplado una de las botellas? Seguro que ni la has saboreado, te la has metido
para el gaznate, y hala, una menos —le dijo Juan Gordal—. No sé ni para qué se molesta
Coralia.
—No te preocupes por eso, que te conozco y a ti no te hubiera gustado. Pero no he ido a
pimplármela, es que había menos de lo que yo pensaba.
—Era una minibotella, o sea que sabías perfectamente lo que había. No me engañes. Pues tú
sabrás si te bebes todo a esta velocidad cómo vas a acabar de cocido. Voy a cogerme una
botella de orujo grande antes de que tú acabes con todo.
—Que no, coño. Te digo que la abrí y además pensaba que Carolina tenía que probarla...
Hablando de Carolina en ese momento entró por la puerta y los dos hermanos la pusieron al
día de sus problemas. La mayor de los Gordal palacios casi lloró al oírlo.
—¡Joder, Fran! Te había dicho que quería probar esa, la rosa, y te la has pimplado en un momento.
Eres un alcohólico y un acaparador.
Pues va a ser verdad que al final el alcohol sólo trae problemas, se dijo por lo bajo nuestro
protagonista.
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