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viernes, 7 de agosto de 2020

Germinal, atemporal como buena novela, y deprimente que lo sea.

—Lo sorprendente no es que sea una problemática actual, es que se relata exactamente igual: los señoritos creyéndose que hacen un favor, los obreros sabiendo que deben pelear por lo suyo pero con miedo, las autoridades favoreciendo según clases... —decía nuestro protagonista leyendo Germinal de Zola.

—Hombre, a ver qué te crees. Un libro no permanece como ejemplo para movimientos sociales durante tanto ntiempo si no es bueno.


La obra de Emile Zola nos cuenta como un antiguo empleado ferroviario, que ya ha perdido su trabajo por insubordinarse a sus superiores llega a una zona del norte de Francia y consigue trabajar de minero. Allí experimenta las durísimas jornadas de 12 horas, el riesgo laboral continuo, la dejadez de los empresarios en el mantenimiento de las instalaciones... Cuando tras una crisis los empresarios decretan una bajada de salarios, los mineros se organizan y se declaran en huelga.


—Y a pesar de la valentía que tienen, se dan cuenta de lo desigual que es su enfrentamiento, se percibe la rabia, la impotencia... —continuaba Fran.

—Por suerte eso es imposible hoy , ¿eh? —le contestaba Juan

—Lo más jodido es ver que los verdaderos responsables de la situación es que ni se enteran. Están comiendo ímás allá de todo peligro. Lo que les preocupa es que el párroco les afee la conducta en los sermones.

—En fin, a través ya de siglo y medio lo de siempre, esperar que en algún momento esto lleve a alguna parte.

Además, Fran observó las numerosas adaptaciones cinematográficas, teatrales y televisivas que ya había inspirado esa novela:



—Curiosamente casi todas en años acabados en 3. Yo he visto la de 1993, con Depardieu. Curioso porque era de cuando parecía que todo movimiento revolucionario, tras la caída del bloque del este estaba desfasado.

—Sin embargo, hoy, entre dos crisis, está más vigente que nunca.

—Porque la historia tiene la mala costumbre de continuar siempre. A ver si ahora logramos de una vez que esa planta germinal prenda.

 "Por la llanura, bajo una noche sin estrellas, espesa como la tinta, bajaba un hombre por la carretera de Marchiennes a Montsou, diez kilómetros de adoquines junto a campos de remolacha. Por delante ni siquiera veía el suelo, y sólo intuía el horizonte por las ráfagas de viento de marzo, amplias como el mar, heladas tras barrer leguas de marismas y tierras desnudas.Ni una rama de árbol en el cielo, la calzada se veía recta como un espigón, entre salpicaduras deslumbrantes de niebla.

 El caminante había salido de Marchiennes hacia las dos, con paso vivo, tiritando bajo el fino algodón de su chaqueta y su pantalón de pana. Le molestaba un pequeño bulto envuelto en un pañuelo a cuadros. Lo apretaba contra sus caderas, por momentos con un codo, luego con el otro, para poder deslizar en el fondo de sus bolsillos las dos manos a la vez, esas manos ateridas que sangraban por el viento helado. Una única idea ocupaba su mente de obrero sin techo ni trabajo, la esperanza de que al amanecer hiciera menos frío. Llevaba una hora caminando, cuando a la izquierda, a dos kilómetros de Montsou vio el resplandor rojo de tres braseros que ardían como suspendidos en el aire. Al principio dudó y temió, pero al final no pudo resistir la molesta sensación de calentarse las manos".

miércoles, 31 de agosto de 2016

Víbora.

-Pues la verdad, es que es un libro curioso, no tanto por lo que cuenta, que estoy relativamente acostumbrado, sino por quién lo cuenta -dijo Fran Gordal.
-Sí, es verdad, parece uno de los relatos de Vietnam de los americanos, pero narrado por rusos de Afganistán.

Víbora, novela del gran escritor polaco de fantástico Adrzej Sapkoski tenía cierto fondo de misticismo relacionado con una criatura mágica que vivía desde hace milenios en las cordilleras afganas, y a la cuál los protagonistas temían ncontrarse, pero sobre todo narraba el día a día de una compañía de jóvenes soldados soviéticos durante la ocupación del país. Se veían todos los clichés de este tipo de narraciones: los momentos de tranquilidad, la tensión de los asaltos, la desconfianza al avanzar por terrenos desconocidos...

-Las escenas donde Pavel Levart, el protagonista rinde cuentas de lo que encuentran en los asaltos a aldeas a sus superiores dan muy mal rollo -añadió Juan-, porque se meten temas políticos y de represión.
- A mí me llamaban más la atención cuando hablaban de cosas normales de tíos jóvenes, como el hockey que tanto les gustaba a los rusos, o la música, que algo sabían de la música occidental -respondía nuestro protagonista.
-Y ese epílogo donde cada uno supera al volver a Rusia de una manera diferente su síndrome postbélico.
-Lo extraño, ya te digo es ver contando eso a gente que normalmente no es quien lo dice.
-Y es que, al final, seguramente todo el que sobrevive a una guerra cuenta lo mismo.
-¿Recuerdas ese fragmento donde se han llevado a uno a Kabul porque ha enfermado?
-Sí, que seponen los demás a hablar de las condiciones de la comida y demás:

"- En Kabul, como de costumbre. Enfermo, como de costumbre. Parece que la fiebre amarilla. Enfermizo, el pobrecín , como dicen. Si no es cagalera, son anginas. Lleva en Afgan menos de un año y ya ha enfermado de todo, de tifus, de malaria, de amebas, de todo, te digo. De modo que le hemos bautizado como merece: nuestro querido Lázaro. Cariñosamente: Lazuria. Puede que lo conozcas cuando vuelva en algún intermedio entre enfermedades.
 -No me sorprende -contestó Lomonosov después, cuando Levart le relató el contenido de la conversación-. Perdona mi sinceridad pero aquí todo parece enfermizo. Se duerme donde se come, se come donde se alivia uno. Y esto es lo que se come. Mira.
 -Caballa en salsa de tomate -leyó Levart en la lata que le ofrecía-. Fábrica de conservas de pescado Konryproizvod, Bielgorod. Fecha de caducidad, un año y seis meses. Año de producción ...1959. Eres un derrotista, Lomonosov. Yo como este pescado rojizo desde hace un año y no me ha pasado nada. Hasta me ha gustdo el sabor. También te gustará.
 -Precisamente eso es lo que más temo."

miércoles, 3 de febrero de 2016

Bangkok 8

-Juan -dijo nuestro protagonista-, tú que sabes de género negro, ¿tienes algun libro que recomendarme?
-Bueno, ya sabes que tengo varios de Ellroy, Connely... Sin embarg, creo que te daré este, que es un poco diferente: Bangkok 8.
-¿Uno que no es anglosajón?
-Buno, no del todo. El autor es un inglés al cuál le gustó mucho la ciudad. Y la víctima del asesinato es un marine americano. Pero de lo que va es que le han matado en Bngkok haciendo que le muerdan serpientes venenosas, y todo parece apuntar a un ritual de los de la cultura popular del sudeste asiático. Por supuesto lo investigan dos policías tailandeses que van mezclándose con lo más oscuro de la ciudad.
-Y supongo que sale lo más oscuro de Bangkok: protitución barata, bandas de maleantes...
-Sí, de hecho hay una escena bastante impactaante con un ladyboy de esos, pero no sólo, el libro muestra también el Bangkok reluciente de laas clases altas, los turistas que solo quieren diversión, el misticismo... Pero por supuesto la acción y la investigación es lo principal. Bueno, si quieres leerlo aquí lo tienes.
-Me recordará un poco a las películas de chinos, pero supongo que bien hech, vaale, lo leeré.

Ficha dl libro, aquí.