jueves, 10 de octubre de 2019

Gajes de otros oficios.



Nuestro protagonista observó a aquel motorista. Se bajó del vehículo y extrajo de su equipaje un documento que mostró al dueño de un bar. Éste le dijo que esperara, que tenía que comprobar algo. Y Fran observó como el motorista mientras esperaba puso sobre el asiento de su moto su chaqueta, un bloc de notas, pidió una bolsa en el local... Acabó por llamar la atención a los del bar, que le preguntaron qué estaba haciendo:



-Es que dejando esto al sol, luego no sabéis cómo me quemo el culo y las pelotas -explicó.



Aquello provocó las risas de los del local y el asombro, a la vez que el regocijo de nuestro protagonista. Nunca había pensado en aquel problema cuando veía a mensajeros, repartidores y profesionales similares buscar resquicios para pasar con sus motos, colocarse el casco, acomodar enseres en una moto, que aveces hubiera sido mejor coger una furgoneta... Parece ser que lo que más les molestaba era otra cosa.



-¡Joder, y nosotros quejándonos por cargar cajas de bebidas! -dijeron los del bar.
-Cada profesión tiene lo suyo.


Nuestro protagonista recordó su trabajo en archivos, colocando y numerando documentos,donde lo peor era si acaso la monotonía. Y sus días de teleoperador, donde tenía que prestar atención a ofertas de productos que le importaban una higa. Ése, ése creía nuestro protagonista que era el peor trabajo que había hecho, soportando además broncas de gente que, de modo inevitable, notaba su desgana.






-Cuando estaba en la FNAC en el almacén solo con los libros sí que me lo pasaba bien -dijo el repartidor al dueño del bar cuando volvió y le firmó el papel que le mostraba.
-Que te sea leve. Por eso monté un bar. Lo peor es que estos vagos no curren -dijo el jefazo entre risas.
-No se ha calentado mucho, por suerte -dijo al sentarse el motorista.



Y que no se mate ahora, pensó nuestro protagonista, que es lo que siempre me había acojonado viendo su trabajo desde fuera. Por lo menos tendrá el culo y las pelotas bien.

jueves, 3 de octubre de 2019

Conclusiones de un sólo día.



-Espérate, mamá, voy a atarme la bota -dijo nuestro protagonista a Doña Marta Palacios. Se agachó y procedió a la operación. Perono estaba preparado para lo que le respondió su progenitora.
-Andasipuedesagacharte
paraatartelabotaquéraro
entoncesloquemedecía
mihermanaeramentira
noestás
tangordoquenollegues
aatarteloszapatospues
mealegrasaberloporque
latíaMariaCristinaafirmabaque
estabasapuntodeestallar
porquenollegabas...
-¡¡¿Cómo?!! -preguntó sorprendidísimo nuestro personaje.
-EllaaseguraqueenelRetiroteviointentaratarteunabotayquenopodíasporqueestabasgordísimoyno
podíasniagachartequeteviosudandoporconseguirloyquetecostódiezminutosdeintentosyquenohabía
maneradequelohicieras...




Nuestro personajecomenzó a hacer memoria, a ver si recordaba aquella visita al Retiro. Al cabo de cinco minutos la inspiración vino a su mente. En efecto hacía algunos meses había acudido con su tía a ver una exposición en el Palacio de Cristal. En la escalera de caracol que llevaba a los lavabos del mismo, intentó atarse una bota, y la disposición de la escalera y un pantalón con una costura mala le habían impedido hacerlo. Pero incluso aquel día se había atado bien el zapato al salir de aquella escalera y había seguido su camino con normalidad. Sin embargo, bien conocía nuestro protagonista las conclusiones de un solo día de su tía Maria cristina. Había llegado a ideas tales como que a Juan Gordal le encantaba el jazz, que Carolina adoraba leer en alemán, o que la propia Doña Marta Palacios no leía nunca libros de la biblioteca. Nuestro protagonista intentó explicárselo.




-Puessíhijoahoraquelodicesamímeharecriminadoavecesquenoleacuandotengolabibliotecaalladopero
comomeviocomprartreslibrosdeunavezhadecididoqueesquenuncamiroallíysiempreestáinsistiendo
paraquemehagaelcarnetyyalotengo...
-Yo no sé cómo explicarle que de un sólo día no se pueden sacar conclusiones
-Buenohijoperoelcasoesquesípuedesatartenomedejesconladudaqueyoestabaasustadapensandoenque
ibaadartealgonosabescuántomehaaliviadoveresoporqueparamíloquedigamihermanaesleyaunquela
conozcoysé...
-Pues todavíade vez en cuando llama a Juan para festivales de jazz.




Doña Marta y Juan llegaron a casa y le contaron al hermano mayor de nuestro héroe lo ocurrido, a lo que él respondió entre risas:




-Pues átate un día la bota y que lo vea.
-Juan, conoces a la tía, una vez que llega a una de esas conclusiones no hay manera de quitársela de la cabeza.
-Puesyopcreoquesíhijodeberíasexpliccárseloamímihermanamehacecasoesunapersonaquenos
quiereyseguroquesellevaunaalegríalocomprenderáyademássepondrácontentaporqueaellalepreocupa
mucholanutrición...




Entonces el móvil de nuestro protagonista sonó.
-¿Diga?
-Soy yo, Florito -dijo la tía Maria cristina, que era quien llamaba-. Dile a tu madre que esta tqarde voy a llevarla cinco libros para que no gaste más
-Pero tía...
-Nada, está decidido, voy allí sobre las cinco.
-¿Quién era? -preguntó juan mientras nuestro héroe colgaba.
-La que decide por nosotros -dijo nuestro Fran con resignación.

Un tema que jode todo.



-Pueshijosmevoyaver
GraciasaDiosquecreo
queesunapelículaque
vostrosnoquerréisver
porqueeltema
vaisadecirqueesdecuras
peroyoquieroverlaporque
heoídoqueesmuybuenay
querretratamuybienun
problemagravedelaIglesiaCatólica... -comenzó a decir Doña Marta Palacios.
-No, mamá, en este caso que sea de curas me da igual. Yo lo que no quiero ver son películas de pederastas -dijo nuestro protagonista.
-Yo tampoco -añadió Juan-, pero la verdad es que no se me ocurren muchas sobre ese tema.
-Por suerte, pero se ha dado la casualidad de que en los últimos días han puesto SpotLigth, Hounddog... Me repelen.




Juan se puso a pensar y era cierto que la televisión había emitido últimamente varias películas que de una u otra manera trataban el abuso infantil. La más suave era El Amante, de Jean Jacques Annaud, donde incluso se había subido la edad de la protagonista femenina respecto a la novela original para que no resultara tan sórdida. Aun así, sabiendo esto, resultaba una película incómoda de ver. Y por otro lado, no concebía nuestro protagonista una cosa:




-¿Y tal y como eres tú con las cosas de curas, cómo te vas a ver una que los deja por los suelos? Me sorprernde.
-Ayhijoyonoevitonadatúteestásvolviendomuymojigatonoquieresvernadaúltimamenteinclusoel
documentalesedeAlcassertehaparecidoexcesivoyanovesnadatúquedecíasquetegustabatodotipode
cineyqueprocurabasverlomásposible...
-Pero mamá, me estás hablando de pederastia y abusos, y encima sobre casos reales. Ya se me hizo duro ver hasta la Lolita de Kubrick, que la vi por ser de él, y mira que estaba rodada con gusto y cuidado, pero era molesta. Y joder, el puto caso Alcasser... Nunca creí que diera para una serie documental de éxito. El caso es que me repugna el tema y parece que hayan coincidido miles de series y películas de ello.
-Yo, y mira que me va el cine no conocía tantas sobre ese tema. La única que se me ocurría, León el profesional, y no va de eso, sólo salía ese rollo sugerido de Natalie Portman a sus 11 años y de Jean reno.
-Bueno, mamá, que lo pases bien con la película.
-Puesmirahijoahoramehasdejadosinganasqueparecequemegustenlosabusosaniñosyanomeapetecey
miraqueteníaganasperotienestúrazónencimadejaenmallugaralossacerdotesdandoaentenderquetodos
sonasí....
Nuestro protagonista se quedó asombrado y triste de que incluso había estropeado la tarde de cine a la matriarca de los Gordal Palacios. Se quedó con un sentimiento de culpa muy molesto. Pero con una conclusión clara:
-¿Ves cómo ese tema lo jode todo, mamá?


sábado, 28 de septiembre de 2019

Tapando agujeros.



-2 ulos vente -dijo aquel chino cobrando a Juan y Fran Gordal las coca colas que le habían comprado.

Juan se dispuso a sacar las monedas necesarias y de forma increíble su bolsillo estalló esparciendo la calderilla por todo el suelo del local. Dos minutos llevó recoger todo, ante las risas del dependiente chino, que también echó una mano. Al salir de la tienda ambos hermanos lo comentaban:

-Esto es lo típico que si te pasara a ti montaría un pollo tremendo. Vaya espectáculo.
-Bueno, lo jodido es que esto es lo típico que uno olvida y no se acuerda de que tiene un agujero en el bolsillo y pierdes cosas por ahí
-Habrá que coserlo, por esto no se tiran unos pantalones.
-Pues a ver si te acuerdas.
-Me acordaré.




Unos días más tarde ambos hermanos volvieron a salir y de pronto Fran se sorprendió viendo a su hermano haciendo una serie de extraños movimientos y palpándose todo lo largo de la pierna. Pronto comprendió el motivo de la extraña danza de su hermano: este se sacó con muchos esfuerzos de la pernera la cartera donde llevaba su dinero y su documentación.

-¿Ves cómo no es fácil acordarse? -le dijo-. A mí me pasó lo mismo con otro agujero.
-Pero de hoy no pasa, hoy lo hago.
-Tú no tienes ni idea, lo voy a tener que hacer yo, porque en esto no vamos a meter a mamá.
-Pero a tí no tegusta nada coser, siempre lo dices. Me apañaré yo.

De nuevo pasaron varios días, y la tía Maria Cristina invitó a los Gordal Palacios a comer. Juan tuvo la idea de llevarle unos embutidos a modo de aperitivo. Y encontró la cartera, pero al sacarla se oyó un ruido de tela rasgándose y el bolsillo de Juan se quedó al rededor de su mano como un guante.

-Pues parece que ha petado del todo el bolsillo y esto sí que no sé si tiene más arreglo que otros pantalones. Si me hubieras dejado coserlos yo...
-Fran, vete a la mierda. Nadie más que yo va a gestionar esto, y me lo voy a arreglar.
-De acuerdo, cabezón, pero con el próximo "arreglo" de los tuyos te vas a quedar en gallumbos en plena calle.
-Ya verás cómo no.
-Allá tú, pero ahora mismo no tienes un cuerpo como para exhibirlo -sentenció Fran.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Y apareció la báscula.


-Pues toca pesarse otra vez -dijo nuestro protagonista-. Aunque la verdad no tengo ganas, me da que esta semana no he hecho bien el régimen.
-Pasa y no te lamentes -le respondió Juan-. Si quieres disfrutar al pesarte tendrás que hacer sacrificios.




Ambos hermanos llevaban varias semanas en un extraño estado en que eran conscientes de que tenían que volver a retomar su dieta y el ejercicio, pero como de costumbre desde hacía demasiado tiempo, por unas cosas y por otras no acababan de hacer las cosas como era debido. En esos casos ir a pesarse resultaba un trámite molesto que probablemente preludiaría un disgusto. Pero como el pesaje semanal era la parte más fácil de esa rutina era la que no quitaban, y así entraban en la farmacia con idea de cumplir el trámite. Pero aquella vez ocurrió algo extraño:




-Que no hay báscula, Juan.
-¿Cómo no va a haber? Llevamos toda la vida viniendo aquí y además es imposible que una farmacia, la que sea, no tenga báscula.
-Pues pasa a verlo.




Juan entró y observó con asombro que en efecto, la báscula había desaparecido de su ubicación.Volvió la vista por todo el establecimiento y tampoco fue capaz de verla.




-Pues no habrá forma de saber si llevamos bien esto. En todo caso, el último dato era que había bajado -dijo Fran.
-Sí, antes de irte a tomar cervezas tres días, de ponerte como un cerdo de embutidos casi una semana... Que no cuela, Fran
-Pero los datos son los que son.




En aquel momento el farmacéutico intervino en la disputa de ambos hermanos:




-Perdonen ¿buscan la báscula? Está detrás de estos paquetes.




El tendero apartó varias cajas de cartón que se habían amontonado alrededor de la ubicación habitual de la báscula y los llevó a sus estanterías correspondientes. El instrumento de pesaje estaba ahí. Fran la observó con desgana.




-Casi te sale bien. Venga, pasa a certificar lo evidente -dijo Juan.
-¿Me sale bien? Como si hubiera tenido algo que ver.
-Ya, ni con los atracones que te has dado esta semana tendrás culpa.
-Puees ríete, cabrón, pero tú también tendrás que pesarte. Sentenció Fran mientras metía la moneda en la ranura.





sábado, 21 de septiembre de 2019

La Torre de Suso.



-Pueshoynoponennadabuenoenlatele
sólounapelículadeésasqueconocéis
vosotrosynadiemásquese
llamaLaTorredeSusoyqueyo
desdeluegonopiensoverporqueyo
prefierovercosasmásdelagentenormal
quepelisrarasdeésas... -comenzó a decir Doña Marta Palacios.


Nuestro protagonista no se extrañó de aquella aseveración de la matriarca de los Gordal Palacios, pero la cortó de una forma que su progenitora no esperaba:


-Pues yo creo que a ti te gustaría, mamá. Es una epañola muy buena, y tiene gente buena en cartel, como Javier Cámara y Emilio Gutierrez Caba. 
-Enserihijopuessitúlodiceslaveré
peroporloqueponíaelperiódicode
quevadeunextoxicómanoque
vuelveasupuebloporquemuereun
amigoamínomeapetecenosécómotúpuedes
quererveresotúademásquesiempredices
quenotegustanlaspelículasdesufrirporsufrir...


Fran tuvo que coger aire y calmarse antes de explicarle a su progenitora que la película no era como ella la suponía. La Torre de Suso contaba la peripecia de un hombre que tras cometer todos los errores posibles, pelearse con su familia y engancharse a las drogas, había ido a rehacer su vida lo más lejos que pudo, a Argentina, alejándose del pequeño pueblo asturiano que lo vio nacer. Allí se enteraba de la muerte de uno de sus compañeros de la pandilla, que no había tenido tanta suerte como él y había sucumbido a las drogas. Entonces volvía para su entierro con la intención de regresar a su vida rehecha en dos días, pero al llegar se entera de la última voluntad de su amigo, construir una torre de madera en una colina, y se pone de acuerdo con sus antiguos compañeros de correrías para erigirla. A través de esta peripecia, los personajes encuentran esperanza para coger de nuevo las riendas de unas vidas que no se habían dirigido en la dirección deseada.


-Y tiene muchos momentos de comedia muy divertidos -dijo nuestro personaje.
-Buenopueslaveréperoahorasinomegustamevoyqueyonoqueríamehasconvencidotúyopensabaverotra
cosatengolibrosdelabibliotecaperoavercómoesestoquetúdicesquemegustaríacuandoyonoheoído
hablardeello...
-Pues ponte con ello.


Y para alegría de nuestro personaje, la matriarca de la familia lo pasó muy bien, y los personajes la cautivaron, además de momentos geniales, como la pelea que protagonizaban en un bar. Al final la cara de Doña Marta era de puro gozo:


-Ayhijopuessímehagustadoymiralapandaqueapareceenlapelículacadaunoconsusmovidasqueparece
queestántodoszumbadosperoluegoelsentidoquecogetodoestavezhasacertadoconlaspelículasqueme
dasaver...
-Es que yo cuando recomiendo una cosa lo hago con conocimiento, mamá -sentenció Fran.


Ficha de la película, aquí. 

Un tic molesto en una situación diaria.



Comprarse ropa era algo que nunca había sido del agrado de nuestro protagonista. Sin embargo, cuando no quedaba más remedio era mejor hacerlo rápido. Con esa idea iba en aquel momento nuestro personaje recién salido del metro subiendo en las escaleras mecánicas. Sentía un poco de agobio pensando en la secuencia de buscar ropa de su talla, probarse, quizás ajustar medidas... Algo que le hacía sudar sólo de pensarlo, hasta que aquella chica le sacó de sus pensamientos:

-¿Se puede pasar, por favor?


 Entonces nuestro protagonista cayó en que había vuelto a ceder a un tic muy característico suyo en las escaleras mecánicas: ponerse con los brazos abiertos y una mano en cada barandilla, cerrando el paso a quien subía más rápido. Se disculpó con ella y le permitió seguir su camino. Juan Gordal , en cambio le reprendió:

-Mira que hemos hablado veces de esto, Fran. A ver si lo dejas de una vez.
-Es que por agobiado que voy pensando en cosas que no me gustan, me sale lo peor de mí.
-Pues estate atento.

 Nuestro protagonista llegó a la tienda de confianza donde solía comprarse la ropa, y el consabido trajín le dejó cansado sin haber hecho nada, pero tenía lo que fue a buscar: dos camisetas y unos pantalones largos. Estaba contento y había alcanzado sus objetivos en poco tiempo. Ahora le quedaban dos horas para hacer lo que le gustase:

-Pues vamos a ver tebeos -dijo nuestro protagonista.
-Por supuesto, contaba con ello -dijo Juan.

 Y así iban ambos hermanos en la escalera mecánica de la Fnac pensando en las últimas novedades que conocía, nuevas ediciones de Bruguera, los Freak Brothers, algún tebeo que ya llevaba tiempo queriendo comprar como Alix, cuando un señor mal encarado le gritó con tono hosco:

-¿Me dejas pasar, por favor, que ocupas toda la escalera?

 Fran vio que había vuelto a caer en ese vicio suyo, y cerraba la subida a los que iban más rápido. Otra vez se disculpó, y dejó a ese hombre pasar por su izquierda:

-Vas atontolinado cerrando el camino, despierta un poquito -dijo el sujeto mientras se alejaba.
-Anda que va a llegar muy lejos usted así -le decía nuestro personaje

 Juan Gordal aparte le habló de ello una vez se quedaron solos:

-Muy maleducado, pero mira, Fran, esto es lo que pasa si no me haces caso cuando lo digo yo, que lo dicen así individuos como ese. Cuida ese defecto.
-Sí, supongo que tendré que pensar en ello, porque ahora no tenía ni la disculpa de que fuera a hacer algo que no me gustaba.