Nuestro héroe contemplaba, ahora en
la tele, en pantalla grande, lo que a través de internet y su móvil
había visto aquella tarde: Nôtre Dame, la mítica catedral de
París, un icono mundial del arte gótico que tanto le gustaba, el
monumento más vistado de Francia, una de las joyas de la cultura
europea y mundial, estaba en llamas. Nuestro protagonista casi
lloraba al verlo, al ver más de 800 años de historia sufriendo tan
duro golpe.
-Es una de esas cosas inimaginables
has ta que pasan -decía Fran al día siguiente del siniestro.
-Bueno, pero parece que se han salvado
las cosas más importantes de la Catedral, y se va a reconstruir -le
respondía Juan
Aquello aliviaba un poco a nuestro
protagonista, pero en la destrucción de Nôtre Dame había otra
variable a considerar: era también un símbolo religioso. Y eso hizo
que algún memo poco menos que saltara de alegría viendo su
destrucción. Nuestro protagonista lo oía en las calles y las redes
sociales aquellos días, coincidiendo además con la semana de
fiestas por la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Aquel
año oyó los imporperios más desatinados no solo contra las
manifestaciones de fe, como las procesiones, también contra Nôtre
Dame. Afortunadamente, los que rajaban de la catedral eran pocos y en
seguida tenían réplica, pero parecía que la tontuna antirreligiosa
iba a más, y de un comprensible hartazgo de cine religioso propio de
estas fechas, o mal humor temporal por el paso de alguna procesión,
ya había quein quería que toda la cultura europea de los últimos
dos milenios ardiera.
Nuestro héroe contemplaba, ahora en
la tele, en pantalla grande, lo que a través de internet y su móvil
había visto aquella tarde: Nôtre Dame, la mítica catedral de
París, un icono mundial del arte gótico que tanto le gustaba, el
monumento más vistado de Francia, una de las joyas de la cultura
europea y mundial, estaba en llamas. Nuestro protagonista casi
lloraba al verlo, al ver más de 800 años de historia sufriendo tan
duro golpe.
-Es una de esas cosas inimaginables
has ta que pasan -decía Fran al día siguiente del siniestro.
-Bueno, pero parece que se han salvado
las cosas más importantes de la Catedral, y se va a reconstruir -le
respondía Juan
Aquello aliviaba un poco a nuestro
protagonista, pero en la destrucción de Nôtre Dame había otra
variable a considerar: era también un símbolo religioso. Y eso hizo
que algún memo poco menos que saltara de alegría viendo su
destrucción. Nuestro protagonista lo oía en las calles y las redes
sociales aquellos días, coincidiendo además con la semana de
fiestas por la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Aquel
año oyó los imporperios más desatinados no solo contra las
manifestaciones de fe, como las procesiones, también contra Nôtre
Dame. Afortunadamente, los que rajaban de la catedral eran pocos y en
seguida tenían réplica, pero parecía que la tontuna antirreligiosa
iba a más, y de un comprensible hartazgo de cine religioso propio de
estas fechas, o mal humor temporal por el paso de alguna procesión,
ya había quein quería que toda la cultura europea de los últimos
dos milenios ardiera.

-Bueno, hijo pues alégrate, que
parece que las familias ricas francesas ya en 24 horas han dado el
dinero que costará reconstruirla -dijo Doña Marta.
-Joder, pues eso es mucho peor. Al
final resulta que el incendio de Nôtre Dame sirve para que unos
blanqueen pasta y otros desaten su imbecilidad.
Y en efecto se corrió una voz entre
muchos franceses y mucha gente de Twitter, comentando que, si tan
fácilmente se reunía ese dinero para Nôtre Dame, ¿cómo era
posible que no se diera para acabr con el hambre en el mundo? Y al
final nuestro protagonista ya se perdía entre sus dilemas y
preocupaciones, ya que consideraba que en pleno siglo XXI no era de
recibo depender de obras de caridad ni para alimentar a la población
de la tierra ni para cuidar los monumentos y la cultura. ¿Serviría
al menos el incendio de Nôtre Dame para iluminar a la sociedad de
aquel mundo y aquel momento?
-Bueno, hijo pues alégrate, que
parece que las familias ricas francesas ya en 24 horas han dado el
dinero que costará reconstruirla -dijo Doña Marta.
-Joder, pues eso es mucho peor. Al
final resulta que el incendio de Nôtre Dame sirve para que unos
blanqueen pasta y otros desaten su imbecilidad.
Y en efecto se corrió una voz entre
muchos franceses y mucha gente de Twitter, comentando que, si tan
fácilmente se reunía ese dinero para Nôtre Dame, ¿cómo era
posible que no se diera para acabr con el hambre en el mundo? Y al
final nuestro protagonista ya se perdía entre sus dilemas y
preocupaciones, ya que consideraba que en pleno siglo XXI no era de
recibo depender de obras de caridad ni para alimentar a la población
de la tierra ni para cuidar los monumentos y la cultura. ¿Serviría
al menos el incendio de Nôtre Dame para iluminar a la sociedad de
aquel mundo y aquel momento?