―Bueno, nos vamos. ¿Has cargado
bien tu mochila? ―preguntó Juan
Gordal a nuestro protagonista. ―Sí, incluido este de Epiléptico,
que tengo una ganas de librarme de
él increíbles. De mal rollo y malo. ―Ese lo dejaremos en el vertedero,
que ni en las tiendas de segunda parte
lo compran. ―¡No me extraña!Los dos hermanos se habían propuestohacer una limpieza de su colección decómics, vendiendo losque pudieran, para quedarse sólo con los que querían. Algunos estaban en mal estado. Otros eransencillamente infumables. Con el dinero esperaban comprar otras cosas, y andar algo mejor deespacio. Aquel ejemplar, Epiléptico, de David B., era especialmente odioso para nuestro protagonista.Más aún al haberse enterado de que ni siquiera les pagarían por él.
―Llevamos bien todo el resto ¿verdad? En la calle Luna nos darán por ellos. ―A ver si allí tienen algo que nos guste.
Los dos hermanos comenzaron a pasear por la tienda y observaron varios ejemplares en buen
estado y envueltos en bolsas de plástico. Algunos les provocaban cierta sensación agridulce por
ser de historias que ya tenía pero en mejores ediciones.
―Los hay que parece que cada edición busca ser peor ―comentó Juan Gordal ―Singularmente V de Vendetta ―dijo nuestro protagonista.Dicho esto se encaminó a una estantería donde un hallazgo le llamó sobremanera la atención:vendían Epiléptico, el cómic que él hubiera citado sin dudarlo como el que menos le habíagustado a cincuenta euros. Cuando se lo enseñó a Juan este reaccionó casi con ira:
―¿A 50 €? ¡Pero si me habían dicho en todas partes que nadie lo quería! ―Ni siquiera podemos decir que nos salga barato 50 euros por no tener un cómic es un precio
desorbitado. ―Ahora ya ni siquiera podremos recogerlo del depósito. ―Sí, hombre. Encima de todo, una vez nos hemos librado de él lo vamos a buscar. ―No, claro. Pero me cago en la hora en que pillé aquel tebeo. ―Sí, ha jodido hasta después de librarnos de él.
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