—Pues lo siento, así no
me interesa —dijo nuestro
protagonista a aquella
entrevistadora.
—De acuerdo, puede irse.Fran salió muy molesto de aquella entrevista de trabajo. Desde que había logrado entrar enel mundo laboral, por lo menos, en todas las citas similares que había tenido, había sabidopor adelantado los horarios y las condiciones. Aquella entrevistadora no le dijo nada de sunegocio argumentando que tenía que verle trabajar un día antes que hablar de ello. Ya quepoco antes, en otro trabajo en el que le habían cogido, lo habían largado en dos días diciendoque no había pasado el periodo de prueba, sin haberle advertido que ese periodo existía, Franno estaba muy por la labor de repetir la experiencia. En casa le preguntaron cómo le había idoen el trance, y Fran lo contó.
—Parecementiraquetequieranvolverahacerlomismolaúltimaveznoacabómuybienaversiahorasehan aprendidoesetrucoytienenpordíasalagentepagándolepocoymalvaversimehacescasoyteponesabuscar oposicionesdehistoria...—dijo Doña Marta Palacios —Sabes que no dejo de hacerlo, pero mientras hay que comer. A ver si consigo algo estable de una vez. Porque encima vaya miseria me han pagado los dos días que estuve en el último sitio —A mí creo que eso ya me lo hicieron —dijo Juan Gordal. —Pues es una suerte, porque menudos hijos de puta. —Buenohijotusdoshermanostienentrabajotendrásquebuscartetúunoenlacocinaoenloqueseaporque miracómoellosyahansalidoaverquépasacontigoynoséporquéshacenestoaCarolinalahancogidosinmás yestámuycontenta... En este momento, Carolina Gordal entró por la puerta. Habiendo oído lo que dijo Doña Marta la corrigió: —Pues no, mamá, he dejado esto porque me querían dar una instrucción de cinco semanas sin pagar para dos meses. No me va nada. Al oír aquello Fran comprendió que las cosas siempre podían ser peores: —Por lo menos a mí me hablaban de un día, no de cinco semanas. —Al final voy a ser yo el único que tiene algo seguro —comentó Juan Gordal. —Y todavía te quejas.
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