Nuestro protagonista se disponía a tender aquella colada. Como sabía todo quien le
conocía esta era una de las tareas cotidianas que menos le gustaba hacer. Pero era
necesaria y más después de que, no sabía Fran cómo, se hubiera acumulado una cantidad
de ropa sucia para lavar que dejó atónito a nuestro hombre. Al sacarla, además,
observó que algunas prendas habían qudado secas en parte. Pero no tenía nuestro héroe
ganas de entretenerse y lo tendió todo. Cuando creyó haber terminado, sin embargo,
Carolina Gordal pasó ante el tendedero y observó la obra de su hermano:
—¿Te ha vuelto a pasar lo de la ropa
que sale seca de la lavadora? —Pues sí, pero paso de volver a lavar toda esa ingente cantidad de ropa. —Ahí está el error. No puedes meter la ropa a presión, porque llega un momento que ni el
agua la penetra. Ahora es como si no hubieras lavado. —De acuerdo, pero no me voy a poner otra vez a rehacer todo el proceso. —Pues tú verás lo que haces. Corres el riesgo de que huela mal o que salga sucia.
Fran pensó en todo aquello, pero no tenía la menor gana de volver a reunir la ropa, separarla
en montoncitos para que cupieran mejor en la lavadora, etc, etc. Por suerte al acabar de
secarse parecía que no había salido especialmente sucia ni falta de higiene.
—Si se te acumula pon dos lavadoras, pero esto no puede ser —decía Carolina una y otra vez. —Lo he aprendido, pero por favor, no me lo repitas más. —Te lo repetiré las veces que sea necesario porque no es la primera vez.Aquella noche, cuando Fran se vistió definitivamente de casa, observó que la camiseta que
había cogido era una de las que habían formado parte de aquella colada. No había tenido
ningún problema en todo el día, pero se sentía ahora como inseguro y sin saber si había ido
convenientemente vestido.
—Espero no haber atufado a nadie con mi sudor. Pero no dejaré que vuelva a pasar eso —se
dijo a sí mismo—. No sólo por la higiene de ropas, sino por mi higiene mental.