jueves, 25 de marzo de 2021

Quo vadis.

 


—Ayhijopuesamímecuestamucho
buenoporlomenosdejabienalos
cristianosperomíralosiesque
esidiotayPeterUstinovparece
quererlucirse
conello...
—Bueno, mamá, esta película, obviamente dista mucho del rigor
histórico, pero que hubiera un mandamás gilipollas ya ves que
ocurre hasta en nuestros días.

creerquehubieranacidasídeidiota

comoponenaNerónaquípero

Quo Vadis era una de esas películas de temática religiosa que abundaban en las cadenas en Semana

Santa. Narraba las difíciles condiciones en las que desarrollaban su vida y sus costumbres
los primeros cristianos durante la época de Nerón, interpretado por el actor británico y
representado en la película con la imagen egocéntrica y caprichosa que todos tienen de él,
pero llevada hasta casi la caricatura. La relación entre los cristianos y el poder oficial
se nos cuenta a través de la historia de Amor entre uno de los más importantes generales
romanos y una cristiana. Por el camino asistimos a los deliriosos de grandeza de Nerón, los
viajes apostólicos de San Pedro, la persecución a los cristianos y su condena en el circo
romano, etc.

—La verdad es que sobre todo es un panegírico a los cristianos, pero es entretenida —dijo nuestro protagonista.

—Ayhijoesquequémaníatenéisconquetodolocristianoesmalomiracómoseopusieronalpoderdeunloco
comoestequeincendióRomayquepretendíaserélunDiosynoparabadehacercosasparaquelehicieran
casoclaroqueesbuena...
—Bueno, mamá, tú sabes tan bien como yo que no se hizo con intención de ser realista,
pero la historia es buena, hay espectáculo, los actores están muy bien...
—SíperoPeterUstinovyolehevistomejorenmuchasotraspelículasynoestanodiososupongoquesierasu
papellohizomuybienesquellegaasacarmedequicioyserálavozperopareceaúnmásidiotacuandohabla
aversisecalla...

Entonces apareció Juan Gordal e hizo un comentario que perturbó a nuestro protagonista
y la matriarca de los Gordal Palacios:
—Pues se parece a ti, Fran.
—¡¿A mí?! ¡No jodas! Será por lo poderoso que soy y la iniciativa que tengo.
—AyhijocómoteatrevesparecementiraquedigasesodetuhermanoFranesmuchomásguapoynocreoyo
quequemaseestoniquesepusieraaexterminaraloscristianosydesdeluegonoloveoasíconunarpapídele
perdónquesiyofueraélteretirabaelsaludo..
—Bueno, mamá, no exageres. Si me diera por matar cristianos mal lo tendrías tú. En fin,
es una buena peli de Semana Santa.

 Ficha de la película, aquí. 

miércoles, 24 de marzo de 2021

Segunda pasión durante la pandemia.

 

 

Por segundo año consecutivo, la plaga que

tenía en jaque el planeta donde vivía nuestro

protagonista se llevaba por delante la

celebración de una de las fiestas religiosas

más importantes del calendario. La Semana

Santa, si bien no iba a celebrarse enclaustrados

en las casa como había ocurrido con la anterior, iba a distar mucho de ser plena. Las hermandades

habían suspendido muchas procesiones, las iglesias tendrían aforos, etc. Por lo menos las torrijas

no podrán quitárnoslas, pensaba nuestro protagonista. Por otro lado, Doña Marta Palacios no

parecía dispuesta a renunciar a una de sus épocas favoritas del año:

—Puesyoyahemiradodondesonlosoficiosylosconciertosytengoqueiracogersitioqueporelbichodelas
nariceshayaforoperodesdeluegoyonofaltoaestasmisasquesonlasmejoresdelañoydesdeluegolevoya
pediraDiosqueestosepase...

—Bueno, me parece muy bien que tengas misas de esas que oyes tú que la gente normal no sabe ni
que existen. Pero por favor, protégete que seguimos sin vacunarnos. Yo no iría, ya te lo digo.

—Buenohijoperoyosítúcelebraestocomoquierasquenadietehaobligadonuncaperoyoyamequedéelaño
pasadosinverlonoestoydispuestaestavezencuantosepuedapediréplazaenvariasiglesiasqueesunapena
quenohayalaProcesióndelsilencio...

—Yo esto podría entenderlo en sitios con gran tradición, pero aquí, en Madrid... Cómo me gustaría irme
estos días fuera.

 —PueshijonosepuedeperoaquíenMadridaunconelbichomelovoyapasarmuybienyvoyaquedarmeen
pazmuyagustoyendoalasmisasyluegotendremoscinedeldeSemanaSantaenlateleyharétorrijasy
prepararéelpotaje...

Esta aseveración trajo la respuesta de siempre por parte de nuestro protagonista que todos los años
respondía lo mismo sobre aquella comida:

—Ya sabes que las torrijas me parecen muy bien pero no soporto el potaje.

—PueshijoesloquemandalatradiciónyademásloquesetomaparacelebrarlapasióndenuestroSeñoramí
megustamuchoprepararloaversitraenlosingredientesalmercadovoyapensarencómodesalarelbacalaoy
lasespinacashayque lavarlasbien...
—Bueno, tú avísame cuando vayas a preparar las torrijas.


La espera incierta.

 


—PuesdiceAlvaritoqueasuspadresyaloshan
vacunadoyélmismoportrabajarenuncentrodocentey
serconsideradopersonalesencialperoyonosecuando
mevaatocaryencimalohacentodoporelordenadorcon
lobienqueseenterabaunocuandoleescribíancartas...—voceaba Doña Marta Palacios.
—Y mientras yo es que no tengo ni idea de cuando me tocará ni de como enterarme —comentó
nuestro protagonista.

Ya hacía casi dos meses que la campaña de vacunación contra la plaga que tenía sumido en el caos
el mundo y el país de nuestro protagonista estaba en marcha. En teoría esta inmunización debía llevar
al fin de aquel sombrío tiempo. Pero también había degenerado en un caos entre varias empresas
farmacéuticas intentando colar sus productos, varios personajes de la capa alta social saltándose su
turno... Todo lo que sabía nuestro protagonista es que se había puesto un calendario basándose en
diversos colectivos atendiendo al sector donde trabajaban, edad y otros criterios de modo que los más
vulnerables y necesitados fueran los primeros beneficiados con la movilización. Sin embargo no
paraba nuestro personaje de ver cómo a su alrededor muchos recibían sus dosis mientras él estaba en
la inopia más absoluta al respecto.

—Yo entiendo que todavía no estoy en edad de riesgo, que no veo a gente a diario... Pero es que no hay
calendario, ni avisos, ni nada.
—Yohellamadovariasvecesaquemelodiganperosolohayunagrabacióndeesasunrobottontoyantipático
nocomoeranR2D2yC-3POenLaGuerradelasgalaxiasyyonecesitohablarconunapersonaqueestoy
perdidanadieresponde...
—Pero es que tampoco ponen una web, ni nada. Todo es aproximado, sin concretar. Y creo que Cárol,
por ejemplo, sigue esperando.
—Y en cambio vacunados el primo Mario y Alvarito que lo pasaron —añadió Juan Gordal.
—Bueno, será necesario. Pero yo no sé si es que yo no me aclaro, si está mal hecho... Lo único que
se es que no se nada.



viernes, 19 de marzo de 2021

¿Queda algo por salir de esto?

 


—Pues juegos de mesa no creí yo
que llegaran a salir con esto del
virus —dijo nuestro protagonista
viendo aquel stand de la Fnac
donde destacaba dicho artículo
relativo al mal que afligía
desde hacía ya un año su ciudad

y su mundo.

 
 —Si han puesto de actualidad novelas como El Médico de Noah Gordon, películas como estallido, todos
 los cómics apocalípticos, videojuegos como The Division, ¿por qué eso no ? —respondió Juan.

De pronto nuestro hombre cayó en que había visto ya hasta niños jugando al contagio
pandémico. Intentó recordar todo lo lo que había visto crecer desde que aquella plaga
había cambiado la vida de todos. Nuevos productos de limpieza, de vestir, reportajes
sobre temas que nunca había considerado que dieran para tanto... Lo de los juegos de
mesa podía ser llamativo, pero en realidad tenía mucho sentido viendo cómo había dado
en ser el mundo que le rodeaba.


—¿Qué crees que nos puede quedar por ver? —preguntó entonces Fran.

—No sé, lo último parece ser el espectáculo de las vacunas, que si una es mejor que otra, que si hacen
falta x dosis o y...
—Joder, es verdad, acabarán dándonos un kit para que las fabriquemos.
—Pues no sé si has visto del todo el juego de mesa. Mira, mira aquí.


Y Juan mostró a Fran un nuevo kit del juego que ofrecía una segunda parte, el desarrollo de
tratamientos y vacunas en un laboratorio.

—Pues ya vemos lo que parece que van a aprender los crios de ahora —comentó Juan

—Espero que a ninguno le de por ponerse a jugar con cosas peligrosas de laboratorio sin tener más
idea que lo que vea en un jueguecito.
—Te haces mayor, Fran.




sábado, 13 de marzo de 2021

Buscando en el almacén.

 


—Oiga, perdone estaba buscando... —dijo nuestro
 protagonista a aquel dependiente.

—Sí, sí, ahora le atiendo. Vaya mirando y luego

nos vemos,

que acabe con este caballero.
—Pero lo que yo le quiero preguntar...—intentó explicar

Fran pero ya se quedó con la palabra en la boca

mientras el dependiente se alejaba.

En la planta de caballeros de aquellos almacenes había ropa muy apetecible para quien tuviera o bien
mucho poder adquisitivo, o bien necesidad imperiosa de ir bien vestido por algún motivo. Pero nuestro
protagonista había entrado allí buscando otra cosa. Sabía que debía estar más esquinada no en el centro
de aquel piso lleno de trajes, prendas Hugo Boss y similares y calzones pero de 80 euros el par. Llevaba
como diez minutos buscándolo y no había manera de encontrarlo. Por fin vio el símbolo en el pasillo
que llevaba a los ascensores, pero no fue capaz de abrir la puerta. Desde entonces vagaba por aquella
planta intentando preguntar a alguien. Pero todos los dependientes respondían como se ha visto.

—¿Puedo ayudarle en algo? —le dijo al cabo de un rato otro trabajador del almacén.
—¡Hombre ! —gritó nuestro protagonista—. Y era hora mire buscaba el servicio
—No lo hay —dijo el dependiente—¿Desea algo más?
—¡Cómo que no lo hay! He visto el simbolito por la escalera, por los pasillos, pero llego a la puerta y no
se abre.
—Si, se lo estaba diciendo. El otro día se rompió una cañería general y están arreglándolo.
—¿Y dónde puedo ir?
—Bueno, hay uno en el edificio de enfrente.


Nuestro protagonista bajó a todo correr y en el
edificio de enfrente, también propiedad de

aquella cadena de almacenes repitió toda

la operación. Llegó a la planta que indicaban

los carteles, en ese caso la de tecnología y

comenzó a dar vueltas.

—¿Qué busca usted? —le preguntó una chica—.
Tenemos una buena oferta en ordenadores

portátiles...

Al final, pensó nuestro protagonista, me la voy a sacar aquí y voy a pegar a alguien. Y encima como

esta es una chica quedaría muy mal.

La lejía.

 


—¡No me lo puedo creer!—dijo nuestro protagonista viendo sus buenos pantalones negros con aquellas
manchas rosas— ¡Cada vez que pongo ropa blanca lo mismo!¡La puta legía!
—¿No obtuviste así aquellos calzoncillos mágicos que tanto te molaron cierto tiempo?—le preguntó
Juan Gordal.
—Joder, pero los calzones me los ven mucho menos de lo que megustaría. Estos eran de mis mejores
pantalones, mira que lo he hecho con cuidado, que he vigilado... Y aquí están, convertidos en unos
pantalones de pijama a topos rosas.
—Hijotienesquetenermuchocuidadoconlalejíayotambiéntuvequeaprenderamanejarlaavecesesdifícil
tienesquemedirmuybienynopuedesecharladesdemuylejosporquecomosalpiquelomásmínimopasaeso
ahoratuspantalonesestánasí...—intervino Doña Marta Palacios.
—Bueno, mamá, ya tomaré mis disposiciones.

Lo cierto es que nuestro protagonista no tenía mucha ropa blanca, solo la que le habían obligado sus

últimas actividades yque lavaba por su cuenta ya que no podían ir con el resto en la lavadora. Desde

el principio había tenido claro que la lejía era una cosa que había que manejar con mucho cuidado.

Primero se le había estropeado una camiseta de marca que no había lavado con las dos batas blancas

pero sí tendido cerca de ellas. Tras un gran disgusto creyó poder controlarlo, pero sus calzones también

sufrieron desteñidos que ni siquiera eran tan resultones como el color casi de camuflaje de aquellos

calzoncillos mágicos que le recordó Juan. Lo último era lo de hoy, eso pantalones reducidos a una

excentricidad. Nuestro personaje estaba empezando a odiar el blanqueante de ropa.

—Creo que no voy a volver a ponerla puta lejía, salgo a un disgusto cada vez —comentaba nuestro

—Hijotendrásqueecharlaconcuidadosiyoaprendítupodrásyavesqueconseguídominarloescuestionde
tenercuidadocuandolaechessegurosquenoestandifñicilytúhasaprendidocosasmuchopeoresnosepuede
estarsinlejía...—respondió Doña Marta Palacios
—¿Y no hay otra forma de lavar la ropa blanca?—preguntó nuestro protagonista.
—Bueno, Fran eres muy drástico —dijo sonriendo Juan.
Nuestro protagonista sonrió y reflexionaba sobre lo que podría hacer con sus pantalones desteñidos
cuando un grito de Juan lo sacó de sus pensamientos:


—¡Fraaaaaaaaaaaan!
¡¿Qué es esto?! —gritó Juan
blandiendo una camiseta azul
marino que tenía con
un terrible desteñido.
—Lo... lo siento mucho
—balbuceó
nuestro protagonista con
consternación—. Joder, con lo que tú te
fijas en eso.
—Hijoscomoostomáisdeenserioestoquenohayparatantosiqueréismeocupoyoperocreoqueserámejor
queaprendáisvovotrosquenosiemprevoyaestaraquínoosllevéisestosberricnchesquenadie

saleheridodeestonoesparatanto...
—¡Aprenderé! —sentenció Fran.
—Pero hasta entonces mi ropa no la tocas —concluyó Juan.

miércoles, 10 de marzo de 2021

Rituales, Álvaro Ortiz en su máxima expresión.

 


—Pues otro bueno de este autor. Es sorprendente cómo casa todo con el hilo conductor del idolillo —comentó nuestro protagonista.
—El ídolo es muy del estilo de Ortiz ¿verdad? Con ese rollo sobrenatural suyo, un poco inquietante.
—El título, Rituales está muy bien puesto.

Este trabajo del gran autor aragonés nos muestra varias historias de diversos personajes con obsesiones o inquietudes diversas y con muy variadas resoluciones que tienen en común el haber ocurrido cerca de un pequeño ídolo de aspecto precolombino con un enorme pene. Este ídolo es encontrado por un estudiante que se obsesiona con su vecino de abajo, un anticuario al que nunca se ve. Además el dibujo a veces tratado como simple del autor aragonés acompaña de maravilla el relato, proporcionando siempre el aspecto y los elementos necesarios para que cada presencia, cada escenario se te quede en la cabeza.

—Lo curioso es que en ningún momento llega a pasar nada extraordinario y te mantiene en tensión continuamente —comentaba Fran.
—Ese es el rollo ese sobrenatural del Ortiz, que es capaz de presentarte cosas muy comunes como con misterio, con algo encerrado dentro.
—Y de ponerte que las fuerzas sobrenaturales y sus efectos están a la vuelta de la esquina.
—Desde luego no me extraña su éxito porque es un autor que no se parece a ningún otro.
—Y lo que hace con ese dibujo es sorprendente.
—Ya, le oí decir que evita las caricaturas y las caras en primer plano porque no se le dan... Y con los elementos que domina hace su propio mundo, el cabrón.
—Eso es lo más difícil. En fin, que muy recomendable, y a ver qué más hace. El último era más en plan graciosete.