Juan y Fran Gordal volvían de hacer una gran compra aquel sábado en el supermercado y de camino a la salida se preguntaban por cuál de las cajas de la línea saldrían.
—Vámonos a esta —dijo Juan.
—¿Esta? Bueno, de acuerdo—contestó nuestro protagonista—. Pero no veo razón para moverse allí ni...
—Tú hazme caso.
Los dos hermanos se movieron y la cola avanzó tremendamente rápido. Juan le dijo a nuestro protagonista:
—¿Ves en la caja donde ibas a ponerte tú aún no habríamos pasado del stand de las chuches. Mira donde está el que se puso antes que tú.
—¿Y cómo sabías eso? —dijo Fran asombrado.
—Porque la chica que atiende es más fea. Si la cajera es guapa va mucha gente y con muchos productos, pero cuando la cajera es más fea la gente rehúye.
—¿En serio te has basado en eso?
—Sí, en cualquier comercio cuando no veas claro cuál va más rápido, tiene menos gente, etc fíjate en las cajeras y ve por donde la más fea.
Fran salió del comercio riéndose y pensando en ello. También en que no era un buen chiste para contar en todas partes, pero de camino a casa vio una gasolinera, una panadería de las modernas con mil clases de pan y una pastelería y en todas ellas parecía cumplirse la teoría de Juan.
—Pues podrían poner directamente orcos a atender y facilitaban mucho las cosas.
—No, porque entonces la cajera fea no sería ninguna, hay que fijarse, Fran.
—Claro, porque si no uno corre el riesgo de que la cajera cañón le ponga a mil en la cola.

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