quedarse en casa donde tenía pensado comenzar la lectura de aquel ejemplar de
Colmillo Blanco que había encontrado en un baratillo. Se disponía a sumergirse en
las aventuras de Jack London cuando en la primera página vio una dedicatoria:
«Para mi hermano para ayudarle a superar su mal de amores». Una firma ilegible remataba
esta frase, y nuestro protagonista se quedó intentando intuir por la letra si el autor era la madre
o el padre del mencionado hijo. Cuando uno compraba en librerías de segunda mano a veces
se encontraba dedicatorias así de sugerentes o enigmáticas. Fran pensó en lo apropiado que
era para ese propósito un libro de Jack London, que siempre había sido un gran defensor de
las mujeres y lamentaba que El hombre es el único animal que maltrata a su hembra. Cuando
se encontraba una dedicatoria, nuestro protagonista intentaba imaginar la situación que provocara
el regalo al anterior propietario del libro: había encontrado simples felicitaciones de cumpleaños,
despedidas de amigos que se marchaban, deseos de enseñar cosas nuevas... Comentó con su
familia esas cosas:
—PuesnoeraunadedicatoriaperoenunlibrosobreelpapaJuanPabloIIyomeencontréunas
anotacionesdeldueñoanteriorquedejabanverqueeramuydederechasyagradecíalaincansablelabor
contraelcomunismodelSantoPapa... —comenzó a decir Doña Marta Palacios. —Lo que tú dices de todas formas eran apreciaciones personales del dueño, pero a mí me daría
verdadera pena deshacerme de un libro dedicado por alguien —respondió nuestro protagonista. —A lo mejor al poseedor de ese libro le recordaba a su novia que tanto daño parece que le había
hecho —dijo Juan. —Puede ser. Yo no sería capaz.Entonces la familia vio a Carolina que estaba llorando aparte de la conversación en un rincón.
Lloraba con verdadera pena recordando algo.
—¿Qué te pasa, Cárol? —preguntó nuestro protagonista. —Lo que decíais, que me ha recordado algo terrible. —¿Qué? Sólo era un juegoCarol se enjuagó las lágrimas, ahogó un sollozo y se paró durante un minuto antes de responder.
Cuando respondió dejó a todos alucinados:
—Que yo vi una dedicatoria que decía «Para mi pequeño esperando que le de fuerzas para
curarse». Si el libro estaba en una tienda de segunda mano no es difícil suponer lo que debió
pasar ¿no?Toda la familia se quedó en un silencio producto de la sorpresa y el desconcierto. Fran jamás
hubiera podido imaginar algo así. Fran se fue a su cuarto y se puso a leer intentando como nunca
concentrarse en su lectura para alejar los malos pensamientos de su cabeza. Pero aquella noche ni
siquiera pudo dormir pensando en el recorrido que hacen los libros y las dedicatorias.
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