miércoles, 29 de abril de 2026

¡Es un extraño!

 

 

Pero no es el mismo
—comentaba Fran
con algo de
desasosiego
en la voz.
Pues ve a
reclamar, Fran.
No sé a quién.
A los del
cercanías, al
alcalde, a
un urbano...—respondió
Carolina Gordal
Fran estaba pendiente, como siempre que pasaba por esa zona desde hacía algún tiempo, del
gato negro de pelo largo de Atocha. Pero aquel día había otro enorme animal en su lugar. Un
gato regordete de pelo gris y negro en rayas. La verdad es que no había ninguna razón por
la que aquel gato fuera más o menos respetable que el otro, pero le creaba una extraña
intranquilidad a nuestro protagonista.
¿Es eso legal?—insistía Fran.No conozco la normativa, Fran—dijo Carolina—. Pero si, como tú creías, los de las oficinas
del tren cuidan al negro, este también habrá venido.
¿Pero tienen que ponerse allí, donde siempre está el otro?A ver, Fran, que son dos animales de la calle. Déjalos tranquilosPero es que no está el otro.Bueno, hombre. Ni que esto fuera Palestina con Israel. Es un puñetero gato que se ha ido. Al cabo de un rato, Fran terminó por asumir que el gato negro que él extrañaba no iba a
venir. Reanudó la marcha.
Espero que esté bien protegido en donde el tren.No, Fran. Los de la oficina son unos cerdos que han abandonado a su gato y lo han
cambiado por otro a capricho.
Bueno, a ver si está otro día. De momento aquí se queda éste.
-Pues resiste como los palestinos, qué quieres que te diga.





No hay comentarios:

Publicar un comentario