Nuestro protagonista hacía una vez más balance de un año que terminaba. Y este no era un año
como los demás. A pesar de haber vivido en tiempos recientes una pandemia, no había
experimentado aquel año esta sensación de pérdida y cambio que le había traído el año que
terminaba.
—Hemos perdido gente, hemos cambiado
de trabajo, de vida... Y en general no
puedo decir que
me deje buen sabor de boca este año
—comentó nuestro protagonista. —Pero tampoco olvides que Juan ha
avanzado, que tiene un trabajo y parece que le gusta, que
yo he podido arreglar mi cuarto, y tú levantarás el vuelo, ya lo verás —le contestó Carolina. —Seguro, si todos los años me hago la promesa de aprovechar el siguiente, pero este me ha
dejado un poco de bajón. —Yo he sufrido pérdidas, pero no puedo decir que me haya ido mal en general —terció Juan. —Vosotros sois lo que a mí me anima. —¡Claro que sí, hombre! Y ahora nos vamos a casa de la tía María Cristina a celebrarlo. Que
esas comidas y celebraciones levantan siempre el ánimo. —Y sigue quedando gente aquí. —Yo creo que los próximos doce meses también lograrás tú avances importantes. Ya ves que no
es tan difícil Con el ánimo un poco más alto, Fran empezó a recibir mensajes en su móvil: de Marcelo, de
Abadía, de Julián... Al final la ilusión parecía prevalecer un año más. Y al llegar a casa de la
Tía Maria Cristina y el tío paco, con aquellas comidas y bebidas todo se veía mejor. Tomó las
doce uvas de siempre y se dio cuenta de que siempre quedan buenos momentos y deseos para
abrir un nuevo año. Cuando el tío Paco, algo bebido, gritó ¡Feliz año nuevo después de las
campanadas, Fran sentenció: —Ni en este año ha faltado la alegría y las ganas de abrir el nuevo periodo. ¡Feliz 2025!