sábado, 7 de mayo de 2022
Una nueva técnica
Doña Marta un año más
—Ayhijosmenosmalqueostengoatodosjuntosestoy
muyciontentaconvosotrosynomecansodecumplir
añosavuestroladosoislomejorquemehapasadoyesperoseguirmuchosañosconvosotrosnuncadejáisde
sorprenderme... —decía Doña Marta Palacios el día de su cumpleaños.
—Nos alegra verte que de momento sigues con ánimo y energía, mamá —respondió nuestro protagonista.
—Síjijoperoestascomidasquehacéisvosotrostenéisquedejarmehacerlacomidaamigustoundíaque
hastameduelemáslaartrosisconestoqueponéisyelcasoesqueestábuenoperonuncasehahechoasíyoestoy
deseandoquemedejéisundíahacerla...
—Mamá, son lentejas con otro aliño —respondió Juan Gordal sobre su guiso de esta legumbre con verduras y carne fresca.
—Seguro que con esto no protesta tanto —añadió Carolina y dejó sobre la mesa sus huevos de chocolate de Pascua—. Como dijiste que querías más al final de la semana santa...
—Ayhijaquécosastienesdameunabrazonooscambiopornadayonopidomásquevosotrosparaestarfeliz
pormásquepasenlosañossigofelizporquevostrosmerodeáisseguroquetodosjuntosempezamosasubir
Frantieneporprimeravezenmuchotiempountrabajo...
—Con eso te he comprado estas petunias, mamá. Que no todo va a ser comida —dijo nuestro protagonista y le entregó estasplantas.
—Aymuchasgraciashijodameunabrazotengotodoloquemehacefaltayahoraseguroqueyaempezáisa
lograrcosasyJuanaescribirmuchoqueyatienepremiosaverelañoquevienconquémesorprendéisyaver
simeacompañáisalcine...
Oyendo esto, nuestro protagonista hizo una reflexión. Si le reconfortaba ese abrazo de su madre y que fuera feliz en sus cumpleaños, llevaba demasiado tiempo estancado. Ahora que él tenía al fin un trabajo, Carolina se había rehecho de sus últimos reveses que le habían obligado a volver y Juan volvía a escribir, el año que viene debían celebrar el cumpleaños de todos en mejores condiciones. Que así fuera. Este año podían todos decir que habían avanzado un paso.
domingo, 1 de mayo de 2022
Medio minuto
—Hijoquéestáshaciendodejaesounmomentoaversipuedesayudarmeconestocuantotiempollevassiya estánrelajandolasmedidasyocreoquenoesnecesarioqueestéselminutoenteroaversiahorapuedes ayudarmeaprepararestosboquerones... —Es necesario, mamá. Yo sigo un minuto.Cuando acabó, nuestro protagonista echó una ojeada a lo que le decía su madre: en efectohabía para la cena un enorme montón de boquerones que ocuparía mucho tiempo para unapersona sola. Nuestro protagonista se arremangó y se puso junto a su progenitora a despacharel pescado. En diez minutos el montón de pescado estaba listo para freír. Pero una vez más susmanos necesitaban un lavado. Nuestro protagonista sentía cierta pereza ante la idea de volver afrotar largo tiempo. Y tomó la decisión: a partir de ahora, salvo el lavado de manos al volver dela calle, estaría medio minuto, no uno entero. Si todas las medidas se iban relajando, era absurdotomar más molestias en una de las tareas diarias más tediosas. Así lo hizo y llamó a su progenitora:
—Cuando quieras puedes lavarte, mamá. —Ayhijomenosmalporquelosboqueronesestánmuybuenosperoquépesadezlimpiarlosycómotedejan lasmanosyahoraunminutodefrotarylavarconlaperezaquedaaunquetúhasacabadomuyrápidoaversiyo melavo... —Yo ya solo he estado medio minuto, mamá. —Ayhijoquécosastienesyotengomuchasganasperoamímedamiedoyosigounminutomiraquedespués detodoloquehemosaguantadoseestropeatodoahorapornotomarlasmedidasaúnpodemossoportarloun pocomás...
Fran comprendía las razones de la matriarca de la familia, pero en algún momento habría queempezar a retomar el ritmo normal. Así, aquel día se convirtió en el de un paso más hacia su vidahabitual.
Misma estrategia hasta el final
—No se complique usted, hombre, si ya no hace falta la mascarilla.—Aquí en el metro sí. —¿Ah, sí?¿Pero no las habían quitado en interiores? —Pero hay excepciones.
El interlocutor de nuestro protagonista se retiró con un gesto pensativo y asombrado al mismotiempo. Fran se preguntó si ahora empezaría a decir a todo el pasaje del vagón que se pusieranla mascarilla. Por fin consiguió hacer un nudo con las tiras de su protección. Al colocársela sesintió estúpido siendo el único en aquel vagón que la llevaba. Pero así sería hasta el final:cumpliría mejor que nadie las normas, y no daría la tabarra a los demás con ello.
domingo, 24 de abril de 2022
Barrio
—Me ha gustado mucho, es costumbrismo puro, cuenta de modo ameno pero muy ilustrativo cómo
era vivir en esa época —dijo nuestro protagonista acabando de leer Barrio de Carlos Giménez.
—No es tan cómica como el cine de Berlanga ni tan dura como Malos Tiempos o Paracuellos, pero aquí
vuelve a lucirse ¿verdad?—añadió Juan.
La serie de comics Barrio se había planteado muchas
veces como la continuación del Paracuellos al que
aludía Juan Gordal. Aquí Giménez, ya salido de su
etapa en los refugios de Auxilio social cuenta cómo era
incorporarse a la vida en la España de los 50, que
ha dejado atrás lo peor de la posguerra, pero donde el
autoritarismo del régimen sigue presente, y la
mayoría de los ciudadanos deben buscarse la vida en condiciones poco propicias. Giménez aparece
aquí como un adolescente que va realizando diversos trabajos, que va conociendo la vida exterior y
que de cuando en cuando se topa de bruces con la realidad del régimen.
—El momento en el que se entera de por qué no se puede hablar en la calle de su padre es tremendo —dijo Juan. —Sí, y además tal y como lo pone Giménez, él ni sabía que su padre había sido un rojo. —Y los personajes que va conociendo, que son increíbles, desde algunos meramente anecdóticos,
como el vejete que se cree que le han robado el traje en la pensión a los activistas a escondidas, alos que se ve cómo trataba el régimen. —La verdad es que viendo esta obra uno se da cuenta de que, con todo, algo ha avanzado el país.
Me recuerda un poco al neorrealismo en el cine, porque tampoco es una comedia o una aventura tal como lo cuenta. —Es simplemente la historia de un chaval normal y cómo consigue que sea interesante y que prenda. —A lo que ayuda ese expresionismo tan característico del dibujo de Giménez. —Sí, sin duda Carlos Giménez es un patrimonio que el cómic y España deberían reivindicar.
Ficha del cómic, aquí.
sábado, 23 de abril de 2022
Síndrome de la cara vacía
A decir verdad Fran observaba como mucha gente se había habituado a la prenda e incluso
—Por lo menos espewro que no sea porque algunos ahora se toman la mascarilla como un
en los espacios abiertos donde ya hacía tiempo que se permitía ir sin protección. En
contra de o que muchos creían no hubo un loco estallido de alegría , la gente había
aprendido a ser prudente.
juego y quieren llevar mascarillas de colorines y similares. —Fran, que la gente no es tan estúpida —le dijo Carolina—. Mira esto. Y Fran observó otra noticia sobre varios repuntes, comprobando que una vez más se
imponía una realidad terca sobre las ganas de dar por finalizada la pandemia.
—Sí, parece que, efectivamente, aún no estamos libres del todo.
sábado, 16 de abril de 2022
Cuestión de prioridades
Según se acercaba el día en que dejarían de ser obligatorias en interiores las mascarillas que habían
—Me estoy viendo trabajando aún con ella durante bastante tiempo —dijo nuestro protagonista en su casa. —Puesharánmuybiensitelatienesqueponerhijoyonopiensoquitármelaaunquemedenpermisoporquees algoquemedaseguridadyamehehabituadoyademásmiracomoestánahoraenChinaquelesvieneotrobrote yestánconfinandociudadesimportantes...
Esta era la segunda razón para moderar el optimismo de nuestro protagonista: aún parecían venir nuevas oleadas del virus precisamente en el país donde todo había empezado. No se sabía si la supresión de medidas era una decisión inteligente.—Otra vez el puñetero día de la marmota este en el que llevamos ya dos años. —Buenohijoyasabesqueahorahayunaguerraqueocupatodosloslugaresenlateleynadiehablamásdela mascarillanidelaincidenciaahoranosabemosloquepasaráconelvirusporqueelesfuerzobélicoestápor encima... —Qué guay, qué buenos somos como especie. Lo que nos devolverá a la normalidad no será el fin
de la epidemia sino meternos en una guerra. ¡Ay, Señor!













