No era un partido de liga más. Normalmente un
Atlético de Madrid -Elche hubiera sido tan
rutinario que nuestro protagonista no lehubiera prestado atención. Pero era el primer
partido con público tras la pandemia que afligía
el planeta donde vivía nuestro protagonista.
En muchas ocasiones durante el último año y medio se había comentado que cuando los
espectadores volvieran a las competiciones deportivas sería la muestra inequívoca de que
aquella plaga había quedado atrás. Además, el Atleti improvisó un homenaje a los socios que,
por desgracia no habían podido alcanzar aquel día. En concreto una ofrenda de 379 , uno
por cada abonado fallecido, claveles rojos y blancos, los colores del club, y una
interpretación al violín del himno. Además, había coincidido con la ceremonia de entrega
del trofeo de liga ganado en la última temporada, lo cuál volvía el instante aún más
emotivo. Así, una victoria ramplona, con un gol de Correa fruto más bien del error en la
salida del portero ilicitano que del acierto del argentino pasó a ser un partido memorable.
—Casi se me saltan los lagrimones —comentónuestro protagonista.
—Bueno, este día tenía que llegar, todos vamos ya superando el trago. Las vacunas empiezan a hacer su
trabajo
—Ahora tengo que volver yo al campo.—AyhijoquñebonitotútendríasquehaberidohoymiraquenomegustaelfútbolytiromásbienhaciaeRealMadridperoelhomenajequehahechoelAtletiasussocioshasidopreciosoyesodelviolínunaideagenialquenoséaquiénselehabráocurrido...—Todavía es difícil ir, mamá, solo había menos de la tercera parte de aforo. Y además, después de todoeste partido no era de los más importantes. Yo esperaré a que vaya alguien con más fuste.—PerocuandotúvayassíqueseráunpartidoordinariolosuyoerahaberidohoycontodosloshomenajesylosclavelescuandotúvayassolohabrácánticosygolesynadiedaráunacopaniseacordarádenadieaunqueganeelAtleti 5-0...—Tenemos una visión diferente de lo que es importante en el fútbol, mamá, pero sí, ya falta menos pararecuperar nuestra vida normal. Ir aquí es mejor que la liga que ganamos.
miércoles, 25 de agosto de 2021
Mejor que un título
El enemigo interior
Ahí está, hay que hacerlo, se repetía mentalmente nuestro protagonista. Joder, ponerse ahora con esto,
con lo bien que estaría leyendo aquel tebeo o escribiendo a sus seres queridos el correo. Pero es
inaplazable, se animaba a moverse. Tengo que coger la bolsa y ponerme. Sí, sacó la bolsa con los útiles
de su lugar y se quedó pensando en el color de la misma, muy chillón y, casi por inercia buscó en el
móvil por internet modelos de bolsas para guardar útiles. Pasado un rato se dio cuenta de que todo eso no
era más que una excusa ante sí mismo para no acometer la tarea. En marcha de nuevo, se dijo. Pero
¿estaría todo lo que necesitaba? Destornillador, sí. Tornillos, sí. ¿Del tamaño y forma adecuados? Eso
era más dudoso, pero sí, lo eran. ¿Cola de pegar? Sí. Pero... ¡Anda! Si era la edición esa tan buena
que tenía juan de las historietas de Richard Corben. Había que echarle un ojo, Fran creía perdida para
siempre aquella recopilación. Veinte minutos después se dio cuenta de que no estaba disfrutando la
lectura con su tarea pendiente. Venga, de verdad que me pongo. Aunque ¿qué habrán dicho en Twitter
de las últimas declaraciones del Cholo Simeone? Unos metiéndose con él, Fran nombrando a toda su
familia, leyendo miles de estupideces de gente poco interesante... Y no disfrutando mientras la tarea
siguiera sin hacer. De nuevo se encaminó, y entonces Juan llegó:
—Fran ¿has atornillado ya la puerta de ese armario de tu cuarto que se ha caído?
—Llevo toda la tarde con ello. —Joder, Fran, no puede ser tan complicado. ¿Me dejas que lo haga yo? —No, no, mira lo de Corben que he encontrado.
Sí, toda una tarde para pegar tres tornillos y algo de cola. Sabía hacerlo, no era complicado, pero esque juntar ganas de ponerse a limar, atornillar, buscar útiles, soportar el calor... Seguramente si ya lohubiera hecho todo esto le parecería sencillísimo. Pero cada vez que intentaba ponerse a la tarea sedaba cuenta de que su mayor impedimento era el mismo.
miércoles, 18 de agosto de 2021
Tito el robotito
—Ayhijosquemonoessitienecaritaytodoyademásesmediorojoyblancodecoloresquésimpáticoyoloquieroparamíesquees
monísimodedóndelohabéissacadoyencimaparecequetieneunventiladorytodoesdeliciosonosédondelohabéisencontrado...
—comentaba Doña Marta Palacios viendo aquel robot ventilador. —Lo hemos visto en los chinos y hemos pensado que era lo mejor para nuestra madre —respondió Fran.
Fran y Juan Gordal en una de sus salidas por la calle habían encontrado en una tienda baratillo este juguete que creyeron útil para su madre, ya que la habían visto abanicarse con libros, sudar, resoplar y cambiarse ropa aquellos días. Dado que la matriarca de los Gordal Palacios no deseaba un abanico, los hermanos pensaron que ese ventilador portatil, además sin pilar, funcionaba accionando una palanca, sería lo ideal para su progenitora. Sin embargo Doña Marta parecía ver aquel aparato de otro modo:
—Ayhijosmedapenahastatocarloqueyonoloquierorompernosénisilovoyasacardecasaqueloperdería porahíhayqueponerleunnombreporqueesmonísimoytienehastasonrisalovoyateneraquínolovoynia tocarquenoseestropee... —Mamá, es un ventilador, no un adorno. La idea es que lo uses cuando haga mucho calor —Nohijosyonoloquieroromperlevoyabuscarunsitioaquíenlaestanteríaentremislibrosdelecturajuntoa lasestampitasdelavirgenaquívaalcirmuchoconesoscolorinesquéalegríacadavezquevuelvaami estanteríaylovea...—añadió Doña Marta mientras se secaba la cara con la manga de su blusa. —Joder, para esto te traemos un clic de Playmobil y se acabó. —Eso hubiera sído más caro que este robotito, Fran —comentó Juan. —LosclicdePlaymobillostuvisteisvosotrosdepequeñonolucíancomoestemuñequitonoerantan simpáticosestoeslomejorquemehabéisregaladoenmuchotiempoesencantadorlevoyaponerunnombre quenosemeocurre... —Vale, mamá, pues Tito el robotito —dijo resignado Fran. —AysiholaTitoquégraciosoerescómotequieroaquíestarásmuybienquéalegríacadavezqueteveoyme guardarásloslibrosqueleotantasveceseresidealahoravaaestaraquíparasiempreylovoyacuidarmejorque anadaquehayatenido... —Bueno, Fran, lo importante es que le ha gustado —sentenció Juan.
Nieve en los bolsillos.
—Hay que ver, es increíble. Los problemas que dice que había en Alemania exactamente iguales que
los de los inmigrantes de ahora.
—Es que Kim lo conocemos sobre todo como autor de cachondeo, pero cuando se pone enserio es
capaz de maravillas.
Nieve en los Bolsillos era un cómic autobiográfico del dibujante barcelonés Joaquim Aubert Puigarnau,
más conocido como Kim, cuya obra más conocida era la parodia de los ultra Martínez El Facha. En él
comentaba sus peripecias como inmigrante español en Alemania en los 60. Las ideas que le motivaron a
irse, cómo llegó hasta ahí, lo que encontró una vez llegaba... Y también la influencia de las coyuntura
política del momento, de la propaganda franquista y de la división de Alemania.
—Como los grandes capitalistas de ahora había muchos en Alemania que se aprovechaban de los ilegales para que trabajaran, que no pagaran...—comentaba Fran.
—Sí, y el Kim dice que él salió por probar suerte y ganar algo de pasta antes de hacer la mili, pero que muchos huían de la España facha. —Sí, incide mucho en el tema de que encima el gobierno franquista vendía la emigración como un
éxito que les había acercado a Europa. —De todas formas eso que pretende algún facha de ahora de que los españoles iban a Alemania a
levantar el país con contrato y que por eso les apreciaban y que los inmigrantes de ahora vienen a joder es difícilmente sostenible a la luz de lo que cuenta aquí Kim. —Como aquí, el pueblo alemán en general era solidario y había hijos de puta que los usaba como
mano de obra barata. —¿Y los fachas alemanes que por ser español en esa época daban por sentado que era fanquista? —Bueno, al final parece que hemos hablado más de Martínez el Facha que de Nieve en los bolsillos.
Será porque hay cosas que no cambian. —Exactamente.
Ficha del cómic, aquí.
lunes, 16 de agosto de 2021
El calor y los aparatos.
El verano trajo una ola de calor a a la ciudad de nuestros protagonistas que evidenció la necesidad de un ventilador nuevo.
—Joder, cualquier electrodoméstico de estos de clima aquí no dura más de un año —dijo Juan Gordal mientras intentaba montar las piezas del nuevo aparato —. Y encima estoy pasando un calor para montarlo que no es ni normal.
—Ahora cuando lo conectemos nos quedaremos un rato al fresco. —YolohubieratraidodelCorteInglésporqueahílascosastienengarantíasepuedendevolveryesmucho mejorqueestoquehabéistraídoseguroqueyaveníamontadolopondríamosyyaestaríamosalfresco tendríaisquehabermedejadotraerlo...—comentaba Doña Marta Palacios. —Mamá, has tenido casi dos semanas de calorón —dijo nuestro protagonista mientras le buscaba a su
hermano las herramientas.
Por fin la operación de montaje terminó y la familia puso en marcha el ventilador. Sin embargo,
mientras se aliviaban un poco comprobaron que en el rincón donde se acumulaban trastos viejos tenían
el ventilador del año anterior, un calefactor que no sabían si iba bien o no, un mando de la tele que ya
funcionaba...
—¿Y cómo cojones se ha acumulado todo esto aquí? —se preguntó nuestro protagonista. —Nadahijoquelovamosdejandonuncanosacordamosperoyalollevaréyoalpuntolimpioquevienentodos losluneshayquedejarloenesebancoquehayenlacalledearribanopodemosseguircontodoestoaquíaversi mepongoylobajo... —No, mamá, déjalo. Ya lo bajo yo —respondió nuestro protagonista mientras recogía sus herramientasy hacía un fardo con los trastos viejos. —¿Pero estás seguro de ir ahora? Mira que da todo el sol —dijo Juan Gordal.
Ante la perspectiva de andar seis calles bajo el peor sol de agosto , nuestro protagonista optó porservirse una bebida fría y dejar pasar un par de horas. El ventilador refrescaba el ambiente, pero solover aquel montón de aparatos le provocaba un tremendo sofoco. Casi más que el de forcejear y buscarherramientas para montarlo.—De momento, con el aparatito las he pasado más putas que en toda la ola de calor. —Siempre cuesta un poco mejorar las condiciones de todos, Fran —respondió Juan. —Será. Voy a darme una ducha fresca y a quedarme un cuarto de hora aquí tirado.
miércoles, 11 de agosto de 2021
Beber sin alcohol
—Bueno, Fran, ¿que te parece? —dijo Juan mostrando aquel establecimientio que se anunciaba con diversas
—Para nuestro propósito de reducir el consumo de alcohol está bien —sentenció nuestro héroe.
Los dos hermanos se habían propuesto llegar a sus pesos ideales y entre otras cosas, reducir su consumo
de alcohol para ello. Llevaban un tiempo bebiendo solo cervezas sin alcohol cuando descubrieron aquel
establecimiento. Les llamo la atención sus anuncios de granizados de frutas y limonadas con sabores. Las servían con hierbabuena, gengibre y varias otras especias. Pero Fran parecía decidido a pedir otra cosa: el granizado de mango, fruta por la cuál sentía debilidad nuestro protagonista. Sin embargo según entraron la dependienta les cambió los planes:
—Aquí estamos cerrando, id a la terraza de enfrente que también es nuestra.
Los dos hermanos se sorprendieron, además, del tono autoritario, casi hosco, con que lo explicó. Pero bueno, si esos eran los horarios se irían a la terraza de enfrente. Una vez sentados comentaron el suceso:
—Yo la verdad es que no entiendo ni ese horario discriminatorio entre centros, ni esa mala educación
—dijo nuestro protagonista.
—Y además no es que fuera una chica jovencita que ya aprendería. Esa de los 35 años no bajaba.
—Lo importante es que nos sirvan aquí. Tendrán el granizado de mango, digo yo. —Yo prefiero una limonada con gínseng.—Vaya cursiladas que hay que pedir para no beber alcohol. Me acuerdo de cuando en Túnez el moro
me vendió el gínseng prometiendo que me convertiría en una fiera en la cama.
—Y no es que desde entonces las chavalas acudan a ti a kilos.
Los dos hermanos discutían la broma una vez más, y a los cinco minutos se dieron cuenta de que
tardaban un montón en atenderlos. Juan decidió acercarse a pedir.
—Dice que ahora viene, que pensemos bien lo que queramos. —Pero si ya lo tenemos pensado. Oye, casi estoy por irme y pasar de dar dinero a estos sorbe frutas.
—Espérate, hombre. Vamos a ver un poco los libros que hemos comprado. En el tiempo en que el camarero tardó en llegar a la mesa los dos hermanos pudieron leer los libros,
hablar de cómic, consultar el twitter... Por fin llegó el dependiente a tomarles nota: —Pues un granizado de mango... —Se nos ha acabado el mango, se lo traigo de sandía, si quiere. Fran contuvo sus impulsos, y como reacio a irse tras esos casi diez minutos de espera aceptó. Pero
en su interior sentía una rabia muy difícil de controlar, y menos aún cuando Juan pidió su bebida y el encargado volvió a responder: —Gínseng tampoco nos queda. Te la traigo con hierbabuena. —No, mira, mejor no —dijeron asqueados ambos hermanos.
De camino hacían lista de agravios: negativa a atenderlos, tardanza, falta de lo que pedían... Sí, irse sin
consumir estaba justificado.
—Llega uno con toda su buena voluntad a beber sano y parece que te quieran joder el propósito. —Parece que quieran fabricar alcohólicos, de verdad.
lunes, 9 de agosto de 2021
Málaga, todo un descubrimiento.
—Qué ingenioso lo del canalillo por la ciudadela para que corra el agua —dijo Fran en la Alcazaba de
—Con eso del Terral algo hay que inventar para sobrevivir aquí —respondió Carolina.
La ciudad andaluza en la que Alvarito pretendía
construir un futuro laboral mejor había sorprendido a
nuestro protagonista en muchos aspectos. Escondía mucha historia de todas las épocas, el día anterior
nuestro protagonista había observado el recuerdo a las víctimas de una masacre ocurrida en una guerra
civil que había sacudido su país hacía casi 90 años. Ahora recorría la fortaleza de época medieval, situada
muy cerca de un antiguo teatro romano.
—Es que desde entonces, desde época romana, también hay cultura, y hoy sigue que los espectáculos
marengos nos han cautivado —comentaba Fran.
—Pero yo donde me lo paso mejor es en el Parque del Morlaco —puntualizó Carolina.
El Parque del Morlaco era una reserva natural del ecosistema primigenio mediterráneo que cobijaba
ejemplares de muchas especies amenazadas o endémicas. Otro ejemplo de la variedad de la ciudad.
—Por no hablar de las playas. Mañana iremos a bañarnos, que creo que ya tenemos todo lo visiblevisto —propuso Fran.—Eso, que la playa da hambre y luego tomaremos otro espeto y jibias.
—Es que encima se come bien. Muy buena ciudad.
—A pesar del inconveniente este del Terral.
El Terral era como se conocía un fenómeno meteorológico que provocaba unas temperaturas altísimasen la ciudad, sobre todo en meses de verano. Era lo único que Fran había encontrado como defecto aesa ciudad. Pero como él decía, el tiempo nunca puede ser excusa para perderse una ciudad losuficientemente grande para que un madrileño no sienta que se le acaba en cuanto empieza a andar, yllena de muchos atractivos.














