sábado, 4 de octubre de 2014

Heroes, maná televisivo.

(Publicado originalmente en La Coctelera el 19 de Febrero de 2007)


Fran jugaba al Pang en su móvil.

 
Como siempre, Juan le recriminó una afición que él no compartía:
-Lo que estás haciendo es lo más autodestructivo que te he visto hacer.
-Bueno, he estado buscando unas oposiciones para hacer, he leído cinco capítulos de un libro y he sacado al perro. Creo que hoy me he ganado hacer una tontería.
-Preferiría que vieses la tele, por ejemplo. O incluso alguna película, aunque fuese Plan nine from outern Space.
-Ya la he visto. Y respecto a la tele, no querrás que vea los realities. No hay nada desde que acabó la segunda temporada de Perdidos. Sólo los fines de semana.
-Pues creo que hoy vas a cambiar de opinión. Ven conmigo
Fran le siguió. A fin de cuentas era cierto que jugar a video juegos en el móvil no llenaba mucho. ¡Ah, si tuviese una Play station 3! “En cuanto cobre, lo primero que me compraré”, pensaba Fran. Juan puso telemadrid. Mal empezamos, pensaba Fran. Una autonómica que no era ni la sombra de lo que había sido y tendenciosa. Pero al sentarse a verla su idea cambió. ¡Se estrenaba Heroes, la última serie de éxito americana!
-¿Pero no era en digital? –preguntó Fran
-Ya ves que no.
¡Qué felicidad experimentó Fran! Decididamente, si el cielo existe debe tener series como Heroes y Perdidos. Un primer capítulo grandioso, de gente muy normal, con poderes ocultos. Además, con el tipo de personajes que a Fran le gustaban: dos chicas guapas, un otaku... Demostrando además gran devoción por mitos como Star Trek. Lástima del metrosexual que volaba, pero suponía Fran que era la cuota de maricones inevitable en una serie. De momento, él ya tenía un favorito en esa serie: Hiro, el otaku que se teletransportaba.
Juan le dijo:
- Te sueles identificar con el gordito o el freak. ¿Crees que tú también descubrirás que tienes algún poder?
- No, ya sé que la vida real es una mierda.
Tras esta aclaración, Gordal experimentó su mejor momento de aquel día y al acabar el capítulo no cabía en si de felicidad
Esbozó una sonrisa de oreja a oreja y le dijo a Juan:







-Gracias, Juan. Me has dado otro motivo para no tirar la tele.























Hay que quererle igual.

 (Publicado originalmente en La Coctelera el 14 de Febrero de 2007)

Gordal lanzó la pelota: -Vamos, Diez, tráemela. El perro se quedó quieto en el suelo revolcándose. Fran se volvió a Carolina y le dijo: -Tu perro no se comporta como un perro. -¡Otra vez metiéndote con él! –respondió Carolina con los ojos llenos de lágrimas y tan histérica como siempre.-Sabes que prefiero que me pegues a mí a que le hagas nada a él y sin embargo... -No le he hecho nada pero como dice Juan no es un perro. ¡Trece hubiese salido a toda mecha a por la bola! -¡No le hagas nada que me suicido! -¡Qué tonta te pones cuando te da por el lloriqueo, Carol! Desde que Diez había entrado en casa de los Gordal Palacios, Doña Marta Palacios y Carolina le habían intentado vender a sus familiares masculinos de todos los modos posibles: es muy mono, no da problemas como los dio Trece, es muy juguetón... Sin embargo Don Luis, Juan y por supuesto, nuestro héroe no terminaban de verle la gracia a aquel perro enano y lanudo. Especialmente después de haber vivido con el difunto Trece. Trece era un perro quizá demasiado grande pero con el que nuestros protagonistas podían jugar sin miedo de que le pasase nada.Diez en cambio salía huyendo espantado en cuanto veía a nuestro hombre entrar por la puerta. Pero no sólo Trece, incluso Col, el primer perro de la familia Gordal Palacios era recordado por Fran como más inteligente y valiente que Diez. Col era un perro pequeño y de color canela, pero capaz de atender por su nombre, y de traer objetos.
Carolina le puso Col por verle mosdisquear un repollo al poco de llegar a la casa. Nuestro hombre era muy pequeño entonces, pero creció con él y llegó a quererle como un hermano. Cuando teniendo nuestro héroe 11 años Col murió, fue el peor día de su vida hasta aquel momento. Pocos meses después llegó a la casa Trece, un cachorro de la perra de una compañera de trabajo de Doña Marta Palacios. Se convirtió en un perro enorme, quizá demasiado que hizo a la familia pelearse con su vecino, un enano imbécil que lo único que hacía era quejarse por todo. Sin embargo quería a sus amos y jugaba con ellos. Juan gordal lo quería con toda su alma y jugaba a hablar con la voz del perro. Fran pensaba que de tener alguna vez un sobrino por parte de Juan esperaba que fuese la mitad de bien tratado por su padre de lo que fue aquel perro. Le pusieron Trece en homenaje a un personaje de cómic que gustaba bastante a Juan Gordal.
Hacía unos 5 meses, Trece había muerto, y para sustituirlo Carolina cogió de la sociedad protectora de animales a Diez. Le pusieron ese nombre aludiendo a su tamaño en relación con Trece. Desde entonces, Carolina lo protegía y los hombres de la casa lo comparaban desfavorablemente con Trece. Juan lo dijo muy claro: -¡Es el típico lamecoños!
Mientras Diez se revolaba en los cojines viejos que le habían dejado como cama
A lo que Carol respondía con sus habituales sofocos. Julián también se refería al perro como el chupachichis. Y en el caso de Fran, el hecho de que huyese de él no contribuía a que le tomase cariño. Carol, que consideraba a Fran un monstruo, dejó a Diez en sus cojines,se fue de casa y le dijo:
-No le hagas nada, por favor. Fran se sorprendía de que su hermana le creyese capaz de lo peor. ¿Tantas maldades había hecho en su vida, que le creían capaz de atacar a un animal varias veces más pequeño que él mismo? En ese momento, en que estaba echado en un sillón, Diez se le subió encima. -¡Me estás costando hasta mi hermana! ¡Si ni siquiera pareces un perro sino un... ! Gordal se interrumpió. Por primera vez le había visto una virtud: ¡Parecía un Gremmlin! Y mirándolo mejor incluso un ewok.  


 -¡Eres un bicho de Star Wars! ¡Cómo mola!
El perro le lamió y le movió una cola. Gordal respondió haciéndole cucamonass y se pensó:
-Hay que quererle igual.















Una mañana cualquiera en Madrid.

 ( Publicado origininalmente en La Coctelera el 12 de febrero de 2007)

Gordal acudía a una entrevista para conseguir un trabajo. Debía presentarse en las oficinas de La Vaguada. Antes de irse le dijo a Juan:
-Ocúpate tú del viejo. -Sí ahora voy –dijo Juan medio dormido.-Por cierto, afeitaté bien que te has dejado barba. -Tú siempre dirigiendo a los demás.
Conectó su CD y puso la canción de Nancy Sinatra Drummer man y se encaminó al metro.
En buena lógica debía llegar a su destino en media hora. Al bajar vio un segurata que se parecía mucho a Nappa, el saiyano de Bola de dragón poniéndose chulo con un mantero.

Como suele decirse, “si quieres conocer a fulanillo, dale un carguillo”. Aquel mongolo se estaba sobrando con un tío del orden de diez veces más pequeño que él, y que no había opuesto resistencia. Con una educación “exquisita”, el mongolo le indicó que su presencia le molestaba: -¿Qué coño miras, gordito?
Gordal sintió cómo el día empezaba a torcerse. Un infrahombre (de dimensiones gigantescas, eso sí) le había llamado lo que más detestaba que le llamasen. Pensó que le gustaría tener tiempo –y valor, y un cinturón negro de kung-fú en el bolsillo- para abrirle la cabeza. Pero ni tenía tiempo, ni podría con él físicamente. Al llegar al andén, lo encontró rebosante de gente. Bien sabía lo que eso significaba: el metro había vuelto a averiarse. Gordal empezó a cagarse en todos los muertos de los responsables del metro. “Ahora sé seguro que hoy no va a ser mi día”, se dijo. Entonces, una maruja de esas que salen de su casa con intención de montar un pollo, en algún momento le habló casi con tanta educación como Nappa: -Gordo de mierda, tenga cuidado que me ha rozado.
Aquello fue más de lo que nuestro protagonista pudo soportar. En un andén lleno de gente había que tener cuidado de no rozar a la borde de turno. Sin embargo se le ocurrió una respuesta ingeniosa:
-Agradézcamelo, señora. Le acabo de dar su momento más feliz del día. Ha podido quejarse de algo –y se fue al fondo lejos de la vieja, que comenzó a gritar unos improperios de esos que no se pueden transcribir. Por fin, tras un cuarto de hora en que el andén se puso como si regalasen churros, llegó el convoy. Gordal tuvo que hacer esfuerzos ímprobos para entrar. Y una vez lleno a rebosar el coche del metro, que parecía el mundo de Soylent Green: Cuando el destino nos alcance, el convoy no partió.
Comenzó a emitir un ruido de ventilador, durante el cual iba llegando gente y más gente. Mientras, afuera empezaban a agolparse un montón de seguratas, de porte similar al de un gorila .Entre ellos, Fran reconoció a su “amigo” Nappa. Gordal pensó que ya debería estar en la vaguada, y en ese momento, el maquinista del convoy dijo por el altavoz las palabras mágicas que Gordal estaba esperando, pues eran ya cotidianas: -Atención señores viajeros. Por avería el servicio estará parado en un tiempo estimado en más de una hora. La gente empezó a cabrearse. Gordal también. Su experiencia en Londres estaba demasiado cercana en el tiempo como para que no se plantease la comparación entre el tubo, como decían los ingleses y el metro de Madrid.
En Londres no había encontrado una sola línea cerrada por obras. La línea Victoria, (en Londres las líneas tenían nombres, no números) que era la más antigua del mundo permitía llegar a cualquier punto de la ciudad en media hora. Y desde luego, el servicio no se paró una sola vez. Gordal se cagaba en Gallardón, que en la campaña de las anteriores elecciones dijo que el metro de Madrid era seguramente el mejor de Europa. En la Espe, que le secundó y especialmente deseaba tener delante (para estrangularla con sus propias tripas) a Elvira Rodríguez, consejera de transportes de la comunidad de Madrid, que había tenido la poca vergüenza de decir que es que la gente no se colocaba bien en los vagones.
¡Ven tú, mala puta, a hacer este viaje!, pensaba Fran. Lo único que se le había ocurrido para arreglar el problema era poner a Nappa y más matones como él para controlar a los pasajeros furiosos. Y encima, la muy zorra bromeó diciendo: “aún no son empujadores como en el metro de Tokio”. Extremo interesante, porque en aquel momento, una chica de aspecto oriental, (probablemente japonesa a tenor de lo que dijo) comentó a su acompañante española:
-En mi país nunca visto esto.
Dato interesante: el metro más superpoblado del mundo nunca se paró.
De modo, Doña Elvira, que la excusa de los pasajeros no vale. Gordal se bajó para buscar otro modo de llegar a su destino En las escaleras, vio a Nappa llevándose la mano a la porra para amenazar a una niña de quince años que pedía que le devolviesen el dinero del viaje. El gorila no hablaba, sólo amenazaba con usar su arma.
-¡Menudo machote eres! –le dijo Fran. -¡No me toques las pelotas, gordo de mierda! -¡Y además educado! Eres una perra cobarde y abusona. Adiós, Nappa - ¡Cómo que Nappa!¡ Nappa lo será tu puta madre! ¡Te voy a partir el cuello con las porra! Gordal, que ya había pasado los torniquetes de salida le dijo:
-Sí, la porra. Objetos fálicos, se nota que te gustan las pollas. -¡Si no hubieses salido te partía las gafas! ¡A mí no me llama Nappa, sea lo que sea eso ningún cuatro ojos!
A Gordal le asombraban dos cosas: que con todo lo que le había llamado le molestase lo de Nappa, y que los chulos de tres al cuarto amenazaban siempre con partir las gafas. Miró la hora: tarde para llegar a su entrevista. Conectó de nuevo su CD pasando a otra de Nancy Sinatra, Lady Bird, y decidió irse a la Fnac, a leer sus mangas donde los superguerreros parten la cara a los Nappas (¡cómo le hubiese gustado diez minutos antes ser un superguerrero!) y contarle esto a Jaime, hijo de un diputado de la comunidad, a ver si su padre podía hacer algo.

¡Buen libro y buena serie, vive Dios!

 (Publicado originalmente en La Coctelera el 7 de febrero de 2007)

-¿Ya has terminado el libro que te regalaron en Reyes? –preguntó Juan Gordal
 -Sí, estaba bastante bien. -Yo no se cómo te gusta eso. Sólo lees clásicos
 -Tal afirmación, –respondió Fran- me parece desproporcionada. He leído muchos de tus libros, y además en este caso, he encontrado muchos paralelismos con Perdidos, la serie.
 Lo que acababa de decir nuestro protagonista sorprendió bastante a Juan. -¿Qué La isla misteriosa te recuerda a una serie de éxito de la tele? -Casi es una versión decimonónica de Perdidos. Para empezar, el capitán Nemo se comporta casi igual que los otros. -Concreta un poco. -Pues los protagonistas se salvan muchas veces de peligros por intervención casi divina de un desconocido, que resulta ser Nemo. Por ejemplo, su perro está peleándose con una vaca marina en el lago de la isla y se salva porque el desconocido la parte limpiamente por la mitad. -Pero los otros de Perdidos hubiesen ido a joder. -O no necesariamente. Locke dijo que no mentían y que les respetarían en adelante. Pero también encuentran varias veces material útil abandonado, como en el búnker. En este caso en un barril con ropa, carabinas, pólvora... -Eso si es muy de Lost. -Sí pero hay más. Mira, los protagonistas de La isla misteriosa llegaban en un globo que iba perdiendo aire. Al final, al ver la isla tienen que saltar del globo. Y el globo sigue su camino. Pues bien, luego lo encuentran en un árbol, como el globo de Henry.
 -¿Y los del libro hacen algún intento por salir de la isla? -Construyen un barco que destruyen como con el de Michael -¿En serio? -Sí, sólo que en este caso, la destruyen unos piratas. -¿Y cómo son los personajes de Julio Verne? ¿Alguno recuerda a los de la serie? -Pues en cuanto a los personajes sí que hay diferencia. Con mucha imaginación, el jefe es un ingeniero que se podría comparar con Sayid. Y uno de ellos sabe algo de medicina por haber atendido n la guerra a heridos, pero no es un Jack. -Pero tengo entendido que hay un negro. -Sí, se llama Nab, pero también es un negro muy estilo sigloXIX. -Servil, ¿no?. Si hoy lo pusiesen en una serie se armaría porque los acusarían de racismo . -Al menos Nab no es una perra traidora como Michael. -Nunca le perdonarás que Hurley no metiese, ¿eh? Tenían a su hijo. -Si a ti te secuestran y yo mato a dos inocentes soy un cabrón igual. Ahora que lo pienso, en el libro también encuentran un escocés abandonado como Desmond. -¿Entonces tu crees que al final de perdidos es Nemo quien hace todo lo que pasa? -bromeó Juan. -Esperaré a la tercera temporada para decirlo -responió riendo Fran. -Bueno, ya sabes que se suele decir que en narrativa no hay casi nada que sea del todo original. -Si, algo de referencia hay en cualquier relato. Por ejemplo, tu querido Allan Moore, copió una viñeta del Capitán América. Al oír que mezclaban a su autor de cómics favorito con el Capitán América Juan estalló: -¡No vuelvas a decir eso, que te parto el alma! -¡Pero si lo dijiste tu mismo! Pero que lo diga yo está mal, ¿no? ¡Vete a la mierda, llorona! -¡No insultes!

¡Cómo te queremos, Ed Wood! (2ª parte)

 (Publicada originalmente en La Coctelera el 3 de Febrero de 2007)

¿Por qué Gordal se sintió reconfortado al compararse con Ed Wood? ¿No tenía confianza en sí mismo? Las respuestas eran muy sencillas: Ed Wood, según lo vio en la película, nunca sintió complejos. Siempre luchó por lograr su sueño de ser un director bien considerado. Ni si quiera ante su ídolo, Orson Welles se sintió acomplejado. A pesar de todo, tuvo su propia camarilla de actores, de musas. Tan malas como se quiera pero suyas. Y hoy es una figura de culto. Plantéense esta pregunta: ¿A cuantos directores les ha hecho una película ese genio del cine actual llamado Tim Burton? A ninguno más . Sólo a Ed Wood. Gordal pensaba en que el realizador de los 50, además, intentaba hacer el tipo de cine que hace Burton. Es una aplicación del refrán “hablen de mí aunque sea mal”. Es un hombre con una leyenda exclusiva suya. También hacen falta estas leyendas: ¿Qué sería del Tour sin Poulidor? ¿Qué sería de la liga sin nuestro querido, glorioso, único e irrepetible atleti? ¿Qué sería de los personajes de cómic sin Charlie Brown? ¿Qué sería del cine sin Ed Wood? Además si un hombre como Wood, sin otra virtud que su tenacidad y sus ganas, sólo con la constancia de perseguir su sueño a la larga había quedado, ¿cuánto más él, Francisco Gordal, el creador de mundos? Ahora mismo firmaría Gordal trabajar y ser la cabeza visible de una figura de la talla de Bela Lugosi, una Vampira, y un luchador de pressing catch, como Thor Jonson. De preferencia Kane. Kane además era por aspecto y estilo el más parecido a Thor Jonson, y de hecho ya ha rodado una película, See no evil, que bien hubiese podido ser de Wood. Él, de momento no había triunfado, pero seguía. Simpatizaba con él. Por ello , no le importaba aplicar el dicho de Héctor del Mar, hasta ahora reservado a Jhon Ford a Ed Wood, que estaba en las antípodas de su ídolo cinematográfico: “¡Cómo te queremos! ¡Cómo te queremos, Ed Wood! De inmediato se volvió hacia Juan Gordal y le dijo: -Hay que conseguir la mítica Plan Nine From Outern Space. -¡Ay, la leche! ¡A ver si voy a haber cavado mi propia fosa y voy a tener que tragar todas la películas de Wood! -Tú lo dijiste. Soy como él. Atrox Galaxy quedará. -¡A ver si te va a dar por travestirte como él! -¡No, yo soy un misógino! De ahí vino todo
"Cuando se trataba de hacer malas películas, Ed Wood Era el mejor" (Frase promocional de la película biográfica de Tim Burton)

¡Cómo te queremos, Ed Wood! (1ª parte)

 (Publicado originalmente en La Coctelera el 31 de Enero de 2007)
"Muchos pueden ser directores mediocres, pero sólo Ed Wood puede ser el peor director de la historia del cine"
(Tim Burton) -Observa –decía orgulloso nuestro hombre- La gran emperatriz Miren.
 -¡Le has puesto mi nombre a la heroína! –dijo sonriente la donostiarra. -No quiero engañarte. Ésta emperatriz es mala. -¿Cómo que mala? -Gobierna cientos de sistemas con mano de hierro y tortura. -¿Y le pones mi nombre para que todo el mundo me vea como la villana? ¿Eso soy para ti? -Primero, Atrox Galaxy aún no existe. Segundo, le he puesto tu nombre a una emperatriz galáctica. Nunca estás contenta con lo que te doy. -No me extraña que no te comas una rosca. Eres un misógino. Gordal respiraba hondo. Parecía que esta vez Miren también se escapaba. ¡Después del detalle que había tenido con ella! ¿Cómo que misógino? Nuestro hombre no soportaba a quien no distinguía la ficción de la realidad. Pero Miren al irse le dijo algo más: -Tu obra nunca llegará a existir, porque serias el peor autor. Viniendo de la mujer ante la cual se pasaba la vida haciendo méritos y después de hacer lo que él creía que era el mejor regalo que podía hacerle aquello dolía más que una colleja de Abadía. El peor... el peor... Aquellas palabras le atormentaron hasta el día siguiente. Cuando Juan Gordal lo llevó a la Fnac aún estaba reconcomiéndose. Juan Gordal le preguntó lo ocurrido. Después lo llevó a la sección de cine de autor, le prometió un alvio a su dolor y le mostró, Ed Wood de Tim Burton: -Ed Wood estaba considerado el peor director de la historia del cine. Aún lo está. Tú eres como él si Miren está en lo cierto. -¡Pues bueno es saberlo! -Vete la peli y creo que me entenderás. Gordal se llevó el dvd de mala gana y lo vio aquella noche. Y le supuso un gran desconcierto notar que los créditos del film, que estaban hechos a imagen de los del peor de los peores directores eran muy semejantes a la estética que a él le atraía. Cuando apareció Jonny Deep caracterizado como Wood , observó que su modelo a imitar era Orson Welles. Sin embargo no tenía nada que le hiciese comparable en absoluto al director de Ciudadano Kane. Y a lo largo de su vida no hizo sino arrastrarse ante los productores más cutres y usar el material de derribo de películas de serie B. Y al final de la película rodaba Plan nine from outern space, la, con justicia, considerada peor película de la historia del cine. Era una trayectoria horrible. ¡Y sin embargo nuestro hombre se sintió mucho mejor al conocerla! ¿Por qué?

Decepción y alegría.

 (Publicado originalmente el 27 de enero de 2007)

Nuestro hombre tardó un buen rato en asimilar lo que veía. Una mujer de las que el siempre había deseado en carne y hueso era algo que no se ve todos los días. Carolina le sacó de sus pensamientos: -Fran esta es Ana. -Buenas noches, pecosa. Gordal se enrojeció y comenzó a sudar frío al darse cuenta de que instintivamente había saludado como lo hubiera echo Sawyer. Era completamente ridículo que un chico de veintipocos años con sobrepeso evidente y gafas se equiparase al duro de una serie de televisión. Rápidamente se fue a por un tercio, remedio para todos sus males. Al tomárselo confió en que no se hubiese notado mucho su desliz, pero Carlos le quitó toda esperanza: -Mejor imita a Hurley, chaval. Sin embargo nuestro protagonista se armó de valor y volvió a encarar a Ana. Kate bien merecía un esfuerzo: -¿Tu de que conoces a mi hermana? - La conocí hace algunos años. Soy algo mayor que ella, pero... Gordal ni siquiera atendió al final de la frase. Si era algo mayor que su hermana podía rondar los 40 años. No era recomendable para él pero sólo pensaba en una cosa en aquel momento: Kate, Kate, Kate... De pronto se le ocurrió una idea que en su opinión haría que Ana cayese rendida a sus pies: -¿Nunca te han dicho que te pareces a Kate? Te voy a convertir en Heroína de Atrox Galaxy. -¿Quién es Kate y qué es Atrox Galaxy? Eso descolocó por completo a nuestro hombre. ¿Quién podía estar preparado para eso después de soltar el mayor halago que podía recibir una mujer?¿Cómo era posible que al nombrar su obra nadie reconociese a un creador de mundos? Intervino Carlos de nuevo: -Dice que eres como la de Perdidos y quiere que seas heroína de una Space Opera. -No entiendo lo último pero, ¿os gusta Perdidos? -¡Claro! –dijo Gordal en el tono de quien expresa algo evidente. -¡Qué gracioso! A mi novio también. Aquello ya era incontestable. Imaginen las caras de Gordal y Carlos. Este último le dijo: -Te invito a una birra, chaval. Justo lo que nuestro héroe necesitaba en aquel momento. La aceptó de buen grado y, tras beber un sorbo, dijo: -Estabas equivocado, esas pibas no existen. -Bueno, pero ahora al llegar te vas a llevar una alegría. -¿Ponen algo bueno? -¡Claro! Vuelve Pressing Catch. Gordal estalló en júbilo. -¿En serio? -Si, hoy lucha El Enterrador. ¡No podía ser! ¡Encima seguía su luchador favorito! -¿Sabes que tiene un hermano, Kane? Lo vi en internet. También lucha. Gordal recordaba cuando vio a aparecer al Enterrador por primera vez. Hoy volvería a verle. Y de este modo mientras Carolina caía en brazos de Carlos el aliviaba sus penas con cerveza y pensando en todas las sorpresas que descubriría en el nuevo Pressing Catch. De momento, ya iba una, Kane, el hermano del Enterrador.