miércoles, 26 de marzo de 2025

Inoue - Ye Joon Kim: paseo para salir de Japón

 


Es una estrella en
 el boxeo en general,
 imagínate en su 
peso. Es que no hay
ç nadie que pueda 
hacerle frente —dijo
 Juan Gordal contemplando el último K.O. Que había infligido a sus 
oponentes El Monstruo Naoya InoueEl coreano este llegó aquí de rebote, después de que se retirara Sam Goodman, que iba a ser
 su rival. Lógicamente Inoue le ha pasado por encima, pero por lo menos ha demostrado valor. 
 

La pelea a la que se referían los dos hermanos
tuvo lugar en Tokio el 24 de enero de 2025. 
Como comentaba Fran, el australiano Sam
 Goodman iba a ser el rival del 
Monstruo japonés en navidades, pero al 
quedarse fuera por una lesión el 
boxeador oceánico, fue el coreano Ye Joon 
Kim el que se enfrentó a Inoue un mes más
 tarde.El primer asalto era de prueba pero ya allí se ha visto que Inoue era superior —comentó nuestro
 personaje.Y lo que tú dices de que el coreano ha sido valiente, pues no sé yo si eso es valor o tontería. Ha
 mosqueado a Inoue que en dos asaltos desde entonces lo ha mandado a la lona —respondió Juan.Es que encima de cómo se mueve y de su técnica, Inoue tiene una pegada que no está nada mal.Hombre, diez K.O. seguidos lleva.No conocía yo mucho al coreano este, también te digo.Pero una oportunidad en este peso de ir a Japón contra Inoue no se puede dejar escapar.Tiene ya que volver a salir de Japón. Una estrella como él no puede quedarse siempre en casa.Después de la pelea ha prometido que este año boxeará en Las Vegas y en Arabia Saudí.A ver si es verdad. Eso sería ya meterse del todo en el circuitoAhora hablan de ponerle contra otro mexicano emergente, David Picasso. Ese sería el combate
 de Las Vegas. Y sobre Arabia pues para cerrar el año, que aún no se sabe muy bien contra quién. 
 — Bueno, parece que al final es un americano de esos descendientes de mexicanos, 
Ramón Cárdenas, el que boxeará con él en Las Vegas.De momento disfrutemos de este K.O.Sí, Inoue es la leche.

 Y como siempre en este blog les ofrecemos el combate para que formen ustedes su opinión. ¿Se
 les ocurre algo más de lo dicho por los dos hermanos viendo el paseo de Inoue? 

Récord de Naoya Inoue, aquí.
Récord de Ye Joon Kim, aquí. 

El recuerdo del más miserable

 


Fran observó una placa en la fachada de aquel edificio de la Gran Vía. Como era
su costumbre se paró a leerla, pues era opinión de nuestro protagonista que si
las placas conmemorativas y similares se grababan y colgaban para recordar personajes
o hechos que alguien consideraba memorables, uno debía al menos prestarles atención
a ver el suceso que motivó que alguien colgara ese trozo de metal o granito. En este
caso la placa era en recuerdo del Conde de Peñalver y su obra y legado en aquella
importante arteria de la ciudad. Nuestro protagonista se disponía reanudar su camino
cuando oyó que una voz le afeaba el gesto de mirar la placa.

¡Hace cuatro meses que mendigo aquí y nunca se me ha pasado por la cabeza 
mirar la fachada!—le dijo en tono recriminatorio aquel indigente—. A ver a qué 
viene pararse aquí.

Fran, sorprendido, reanudó su camino. No iba a ponerse a discutir ni explicar cosas
a un mísero sin techo que bastante tenía con lo que tenía, pero nunca había creído que
ese gesto pudiera molestar a nadie. Consideró también si no debería haber reparado
en una persona en evidente situación de necesidad antes que en la placa, pero después
del encuentro no estaba dispuesto a darle limosna. En el fondo había cierta rabia en las
palabras de aquel mendigo, pues probablemente era consciente de que de él, situado en
el mismo lugar que recordaba al Conde, nadie se molestaría en dar testimonio décadas
después de su muerte. Se alejaba nuestro protagonista pensando en las obras que escribiría
y en su viejo sueño de alcanzar fama e importancia y se dijo que entonces él podría poner
una placa en recuerdo de aquél mendigo. Comenzó a imaginarla debajo de la del Conde:

 «En esta esquina el Creador de mundos Francisco Gordal fue increpado por un indigente. 
Lamentando su situación y consciente de que nadie más recordaría a aquel pobre, el 
Creador de Mundos le recuerda y anima a los transehuntes a pensar en los sin techo.

 Madrid, fecha futura por determinar».

 Sí, eso haría. Le daría a aquel pobre mucho más que un euro para salir del paso. Lo
 convertiría en una figura trascendente. Y pensando en ello, Fran pudo proseguir su camino 
con la conciencia más tranquila. 

miércoles, 19 de marzo de 2025

El asunto de la gelatina

 

 

Aquella tarde
nuestro protagonista
 acompañó a 
Carolina Gordal
 al supermercado
 a hacer una de
 sus compras de
 los productos que
 ella se compraba 
personalmente aparte
 de los que consumían
 los tres hermanos. Entre ellos entraban varias unidades de gelatina de fresa que se anunciaba 
como rica en proteínas. Pero Fran observó que su hermana empezó a coger paquetes de la misma
 en muy gran cantidad.¿Eso se estropea? Estás cogiendo muchas —preguntó nuestro hombre.Es que Juan me las quita. Estoy cogiendo también para él.Joder, sois como críos de teta.

 Nuestro personaje empezó a recordar la pelea a gritos que había vivido hacía dos días cuando Carolina recriminó a voz en grito a Juan el haberse comido la última gelatina de la compra anterior. Carolina diciendo que era suyo, Juan explicando que tenía hambre por la noche... pero a nuestro protagonista le llamó la atención la solución final por la que optó Carolina.¿Entonces le vas a pagar a él las gelatinas? ¿Puedo yo pedir cosas para mí?No es lo mismo, porque las gelatinas también me las como yo.Bueno, yo también te cojo frutos secos y alguna otra de tus compras.¡Pues os vais a joder los dos! A partir de ahora cuando compres traes también frutos secos y gelatinas.¿Y te seguirás comprando tú para ti? —inquirió Fran.Os gastáis el dinero vosotros. ¡Yo me pillo lo mío como siempre he hecho!Pero es absurdo gastar el doble en lo mismoMis gelatinas son para mí. Joder, gritando en el súper. Habéis vuelto Juan y tú a los seis años. 

Tía María Cristina y los libros

 


Pues yo cada vez que vengo aquí veo más tebeos y más libros y al final os van a comer.
Cuando tenéis muchos que no habéis leído y una biblioteca cerca —dijo la Tía María Cristina
al llegar a la casa de los Gordal Palacios.

Pues he aprendido a comprobar si las
 bibliotecas tienen libros antes de comprarlos,
 tía. Sólo los pillo ya cuando son muy
 difíciles de encontrar —contestó nuestro
 protagonista.
Y yo de cuando en cuando me deshago de algunos que no me interesan —Añadió Juan Gordal.

Últimamente el tema de los libros y la literatura era recurrente en las visitas de la tía a sus tres
sobrinos. La tía María Cristina concebía la idea de que sus sobrinos no eran potentados porque
se gastaban todo el dinero que ganaban en tebeos y libros.

Hay que ser austeros. Yo llevo toda mi vida midiendo mucho esto y a vosotros os veo siempre
 de juerga.Tía, yo no me compro más que un tebeo o libro al mes. Y estoy intentando leerme todos lo
 que no me he leído. Parece mentira tal fobia en los libros en una profesora de literatura —dijo
 nuestro protagonista.Pues mira, precisamente te he traído yo una recopilación de obras de teatro madrileñas del siglo
 XX para que no sigas con eso.

Fran se quedó estupefacto. Era, posiblemente, el último libro que cogería de cualquier biblioteca
o establecimiento. Una recopilación claramente pensada para alumnos de enseñanza secundaria

sobre un tema que no interesaba en absoluto a Fran. Además no estaba en muy buen estado.

Pero si se le caen las páginas, tía —dijo nuestro protagonista.Porque lo he aprovechado muy bien, que es lo que debéis hacer vosotros.Está bien, me lo leeré —dijo Fran, aunque en el tono se le notaba que no tenía la menor 
intención de hacerlo.Aprended a usar lo que tenéis.Está bien, tía. Nos desharemos de libros que nos interesan en perfectas condiciones para que
 tú puedas traernos libros de texto a los que se les caen las páginas sobre temas que nunca han 
sido de nuestros predilectos —sentenció Juan. 


viernes, 14 de marzo de 2025

La autoridad de una mujer oprimida

 


La primera vez que nuestro protagonista vio en vio una mujer como aquella fue
en Túnez. Entonces era raro incluso en un país como el norteafricano, de
mayoría musulmana pero bastante occidentalizado y evolucionado. Últimamente se
empezaban a ver por Madrid, aunque no tanto como lo vio nuestro protagonista
cuando estaba en Londres. Aquella mujer iba cubierta con un vestido negro y
un velo que sólo dejaba entrever la zona de su cara correspondiente a sus ojos.
Nuestro protagonista imaginaba que, probablemente, ese tipo de atuendo debió
surgir ligado no sólo a la religión sino a la vida en los desiertos de los países
del cuál era originario. Pero en pleno siglo XXI resultaba como mínimo chocante
verlo en Europa. O en cualquier otro lugar, pero se suponía que el continente de
nuestro protagonista era el centro de la civilización. Que muchas mujeres
musulmanas lleven un velo que les tape el pelo era quizás discutible, pero Fran
no lo veía exagerado ni limitante. En cambio ese atuendo, el velo integral o
niqab, sí que lo encontraba inadmisible. Por más que muchas de las mujeres que
lo llevaban asegurasen vestirlo por voluntad propia se preguntaba nuestro
protagonista lo que debían oír en sus casas, el trato que recibirían de sus
maridos o el tipo de aspiraciones en su vida que debían tener. Fran conocía
que muchas mujeres musulmanas tienen estudios y títulos, pero se preguntaba
en qué clase de trabajo podría, al menos en occidente, desempeñarse de aquella
manera. Evidentemente creía nuestro héroe que había que poner coto a
esa práctica, aunque no tenía ni idea de cuál podría ser la manera más eficaz
de hacerlo. Para nuestro personaje el sólo hecho de ver aquello ya era
motivo par suponer que en su casa esa fémina estaría totalmente sometida a
su marido y que no podría ni abrir la boca. Pero allí estaba esa señora casi
enterrada en vida en ese vestido con dos niños pequeños paseando por el pleno
centro de Madrid. De pronto el mayor de los dos infantes empezó a botar una
pelota. Fran recordó una portada de cierto periódico deportivo Madrileño
 que había sido objeto de polémica en su día por ilustrar un partido del 
Madrid y el Atleti en Atabia Saudita con una mujer como aquella sosteniendo
 una camiseta del Real Madrid.  Fran entonces observó cómo aquella mujer
 comenzó a reprenderle. Nuestro héroe obviamente no entendía el árabe pero en el tono y
 los gestos se notaba que le estaba diciendo que no era lugar para botar la pelota, 
que eso en el parque, etc, etc. El niño sollozó y su oculta madre lo agarró de 
la mano y siguió abroncándolo durante un buen rato. Vaya, pensó nuestro 
protagonista. Por lo menos parece que esa mujer sí que tiene autoridad sobre un 
varón, aunque sea un niño de unos seis años.



Los ricos también cierran

 

 

Pues otra tienda
de las clásicas del 
barrio que cierra, 
Fran —comentó 
Carolina a nuestro
 protagonista
 viendo el cartel que colgaba en las puerta de aquel establecimiento de 
accesorios para coches.Por jubilación, dicen. Llevaban desde que éramos críos. No me extrañaría ni que el 
que atendiera aquí entonces fuera el padre del que se jubila ahora.Cada vez quedan menos tiendas de las que conocíamos. Y bueno, si las coge un nuevo pequeño tendedero, me parece bien. Pero es que se las 
quedan casi siempre grandes franquicias.
 

Recordaba nuestro protagonista que la panadería donde había comprado muchos años
ahora era una tienda de Loreal, una tienda de ropa de caballeros que había dos calles
más arriba de nuestro protagionista se había convertido en un Starbucks, etc. Todo el barrio
perdiendo su identidad, su humanidad y además encareciendo casi todos los productos.

Y una vez que llegan no hay manera de echarlos—dijo Fran.Bueno, no siempre mira esto, por ejemplo. Aquí se van. Me alegro porque esta tienda 
encima era fea y sórdida —le comentó Carolina.

En efecto una tienda de Benetton que desde hacía algunos años ocupaba un gran local en el
centro del barrio anunciaba también su cierre. Eso regocijó a Fran.

Seguro que luego pondrán un Zara o algo así, pero déjame ahora disfrutar de la caída 
de estos usureros—habló Fran. Sí, ellos también lloran en algún momento. Cuando es así hay que disfrutarlo—sentenció 
Carolina.Aunque igual simplemente es que trasladan el negocio los muy cerdos. 


miércoles, 5 de marzo de 2025

La momia (1932)


Bueno, viendo la
 versión antigua, y
 mira que se han
 hecho más—dijo
 Juan Gordal cuando
 encontró a Fran
 viendo La Momia.Que se hayan
 hecho nuevas
 versiones
 indica que
 era buena
 ¿no crees? —respondió nuestro protagonista.

En verdad La Momia de 1932 era uno de los clásicos de terror más arquetípicos de la historia
del séptimo arte. Una de las más importantes de los famosos montruos de la Universal.

La primera vez que conocimos al sacerdote enamorado Imhotep que resucita

por accidente dispuesto a todo para salvar de la muerte a su princesa amada. Boris Karloff dejó

una de sus actuaciones más conocidas y logradas, y la historia, como decía Fran, se había

quedado para la posteridad.

Según leí el maquillaje que le pusieron a Karloff estaba tomado de momias egipcias reales,
 en especial de Ramsés II.La verdad es que la historia atrapa, aunque a mí me gusta más movida, como en las versiones
 más recientes.Esas no son malas, pero a todo el mundo le viene a la cabeza ésta primera al pensar en la
 historia de La Momia.Y Boris Karloff es mucho mejor actor que Brendan Fraser, eso es innegable.Además, a pesar de todo, da cierta pena de este personaje. No deja de ser un enamorado.Bueno, Fran, a ver si ahora te vas a poner romanticón.No, yo sólo digo que es un personaje al que cuesta ver como el malo.Pero se venga de lo que le hicieron en gente que nada tiene que ver.Lo importante es que es la primera versión y hay que verla.Y un personaje que se quedó en la mente de todos. 

 —Además de una historia muy buena, una actuación memorable... Para no perdérsela.  


Ficha de la película, aquí

Mi limón, mi limonero...

 

 

Muy bien, Fran,
 te has acordado
 del friegasuelos
—dijo Carolina 
Gordal a nuestro
 protagonista.Yo traigo 
siempre lo 
que me pedís
 si voy a la compra.Pero es también de limón, como las pastillas para el water que trajiste el otro día—intervino 
Juan Gordal.

Nuestro protagonista ni siquiera miraba esas cosas. Había cogido el primer producto que
había visto sin reparar en su color ni su fragancia. Cuaquiera sería buena, pensaba y daba
igual que el color del líquido fuera azul, verde o amarillo.

Nos va a oler el culo a limón con tantos productos derivados —dijo JuanSinceramente eso no me preocupa en absoluto —comentó nuestro protagonista.A mí me parece bien —intervino Carolina—. Voy a ver si me pillo yo también 
cosméticos con esa esencia.Joder, si el limón se ha usado muchas veces para limpiar. Es de lo mejor que hay en
 la naturaleza para eso —dijo Fran.Pero la verdad es que toda la casa igual...—comentó Carolina. Pues si os parece bien traigo un detergente con aroma a pescado y ya tenéis el 
plato completo.Bueno, déjalo. Hablando de eso os voy a hacer un arroz —dijo Juan.

Cada uno de los hermanos se sumió en sus tareas hasta la hora de la cena donde Juan sirvió
el plato que había aprendido a preparar en su trabajo.

No está mal, pero le iría bien un poco de limón—comentó Fran.Pues no hay. Se acabó ayer—habló Carolina.Cojonudo, limón por todas partes menos donde es necesario—dijo Juan.Si queréis ponerle el friegasuelos, vosotros mismos—sentenció Fran.

miércoles, 26 de febrero de 2025

Una compra necesaria

 

 

Pues yo veo muy
evidente que 
necesitamos 
sartenes 
nuevas—dijo
 nuestro 
protagonista
 cuando Carolina y Juan Gordal hablaban de lo que podía comprarse con el dinero que 
les quedaba.
Yo no lo veo necesario —contestó Carolina—. Nos apañamos siempre con las que tenemos 
y el dinero es poco.Yo prefiero comprarme unas zapatillas—intervino Juan.Unas sartenes no es un gasto desorbitado y comeremos mejor —razonó Fran.Nada, déjate de tonterías, que aún no nos hacen falta.Como queráis. Voy a preparar el salmón de la comida.Eso, ponte a ello.


Y nuestro personaje cogió aquella sartén que ya había perdido el mango y cuyo fondo era
irregular, pero donde aún podía a veces freír carnes y pescados. Al darle la vuela a aquellas
rodajas de salmón les vio una mancha negra muy poco agradable. Cuando las sacó al plato
vio varios restos de carbonilla. Intentó sacarlo, pero no se notó. Llegó con esa fuente a la mesa.

Aquí tenéis el salmón. Espero que sea de vuestro gusto.Podrías haber puesto aceite limpio—dijo Juan Viendo la carbonilla.Lo he hecho, pero esa sartén no da más de sí—respondió nuestro protagonista.Seguro que está bueno. Voy a probarlo—terció Carolina.

 Cuando la mayor de los tres hermanos se metió aquella tenedorada en la boca su gesto se 
cambió completamente. Arrugando toda la cara comentó:Esto sabe a humo y productos químicos.¿A ver? —dijeron casi al mismo tiempo Fran y Juan Gordal

Los dos hermanos probaron y se quedaron horrorizados. Juan, que en cuestión de comidas
siempre era mucho más expresivo que sus hermanos casi no pudo tenerlo en la boca.

Esto debe ser hasta malo para la salud —comentó.Entonces, ¿sartén nueva?—preguntó nuestro protagonista.Más bien —asumieron sus dos hermanos. 


Una obra personal

 


Bueno, ¿qué
opinas? —preguntó
 Juan Gordal 
mostrando
 el arreglo 
que con 
pegamento
 y celo había hecho de uno de los posters que tapizaban su cuarto—. ¿Ha quedado bien o
 no?

Fran no se atrevía a decir la verdad, pero era evidente que aquel cartel de Solaris había
quedado completamente inutilizado. Optó por otra solución:

¿No preferirías un  cartel con otro tema u otra película? Ya lo ves cuando estamos en las
 tiendas, hay mucho donde elegir.¿Pero no lo ves? Es que se le había caído u  trozo y todo y lo he dejado como nuevo. No 
puedo cambiarlo. Estoy orgullosísimo y querrás tú poner cualquier mierda de la Marvel.No, Óscar, pero por ejemplo posters de pelis de acción de las que me gustan a mí de antes
 o de Van Damme podrías poner.Déjate de esas tonterías. El héroe de verdad soy yo después de haber arreglado esto.

Nuestro protagonista vio que había algo más que un simple asunto con la decoración del
cuarto. Aquella «reparación» era un motivo de orgullo para Juan que no podía ser
despreciado. Le propuso otra cosa:

Podrías hacerte tú una foto con tu obra y convertirla en un póster.Eso sería absurdo, cuando ya tengo aquí mi obra expuesta y a la vista de todos.Bueno, pues enséñale a la Coralia tu reparación, si quieres. Desde luego te has fabricado
 algo completamente personal que nadie más tendrá.Exactamente, porque merchandising industrial cualquiera puede conseguirlo. Esto lo he
 hecho yo mismo.Eso es verdad. Es tan personal que no tienes ni por qué enseñárselo a nadie más que a ti
 mismo. 


jueves, 20 de febrero de 2025

Un olvido inexplicable

 


Fran llegó de la compra y deshizo todo el paquete y las bolsas que había traído guardando
cada artículo en su sitio. Sin embargo tenía en la cabeza la noción de que se le había olvidado
algo. Se sentó y deambuló por la casa unos minutos a ver si lograba recordar qué era. No le
vino a la cabeza, con lo cuál decidió preparar la comida para cuando llegasen sus hermanos.
Mientras cortaba y sofría las verduras y doraba aquella carne seguía con su olvido muy presente
en la cabeza. Al acabar y recoger lo que había ensuciado en la cocina, a pesar del estado cada
vez más lamentable de la bayeta con la que limpiaba no era capaz de recordar nada. Puso la
mesa y esperó hasta que Carolina volvió de sus tareas.

Hola, Cárol. Bueno, te he preparado filetes con un poco de pisto.Gracias, Fran. Si no has comido comeremos juntos.

En la comida nuestro protagonista le habló a su hermana den su situación, de las tareas
que había realizado, los nuevos trabajos que se le presentaban, etc, etc. También le dijo
que sabía que había olvidado algo en la compra pero que no recordaba que era.

Pues no sería tan importante, Fran —dijo riendo Carolina—. Ahora voy a fregar yo, que tú 
ya has hecho mucho de casa hoy.

Y cuando Carolina se encaminó a la pila se hizo la luz para Fran, pero con gran disgusto de
su hermana:

¡Fran! Te dije que compraras bayetas nuevas, que estas están asquerosas. No se te puede 
confiar nada.

Nuestro héroe sintió de pronto una vergüenza colosal. Eso era lo que había olvidado. Y no
había sido capaz de recordarlo ni cuando él mismo había intentado fregar con aquella bayeta
lamentable.

Lo siento, voy ahora mismo a por ella.Vas ahora, pero yo ya friego con esto.


Mientras hacía ese recado, Fran, pensó cómo era posible no que se le hubiera olvidado, que
eso podía ocurrir, sino cómo no se dio cuenta al fregar el mismo con aquellas bayetas. No estaba
a lo que tenía que estar, pensaba.

Bueno, déjame, fregaré yo para reparar mi falta —propuso nuestro protagonista al llegar.No, esto ya está, pero tienes que estar más pendiente de lo que estás.Supongo que si empiezo a fregar yo me fijaré más en estas cosas.Bueno, no pasa nada, pero piénsalo, que esto es un foco de infecciones que no podemos asumir. Lo pensaré. 

La entrada a Fraggle Rock

 


Fran entró al baño a hacer lo propio de aquel lugar y se encontró una sorpresa: un raja que
protegía uno de los conductos de ventilación del baño se había caído. Recogió la reja y limpió
el suelo y luego lo comunicó a Juan y Carolina Gordal en cuanto estos llegaron.

Será cuestión de comprar silicona y volverlo 
a pegar —afirmó Juan. Espero que sepáis hacerlo —contestó 
Carolina—. Por cierto, esta tarde viene a
 visitarnos la tía Maria Cristina.
¡Bueno! Pues no le digáis nada, que es capaz
 de darnos una charla increíble —dijo nuestro
 protagonista—. Lo mejor es que pase rápido y no lo vea.

Los tres hermanos convinieron en la idea de Fran, y cuando llegó la tía la recibieron con toda
la naturalidad del mundo.

¡Hola, tía! ¿Cómo te va?Hola, floritos. Había venido a traeros el programa de la muestra gratuita de cine del banco y
 a hablar un poco de lo que tenéis en la nevera. ¿Puedo pasar al baño?

Aquí los tres hermanos se quedaron cortados sin saber qué hacer. Pero Fran recordó, lo principal
era actuar con naturalidad. La dejaron ir sin decir nada, pero la tía era capaz de reconocer
cualquier detalle del que pudiera sacar un reproche:

Oye, que no tenéis la reja de esta ventilación.Ya lo sé, tía. Estaba precisamente hablando de ir a por silicona a taparlo —dijo Juan pensando
 que lo mejor era abordarlo y quitárselo de encima.No, no lo hagáis vosotros, que esto requiere unos conocimientos y un saber. Esta semana os 
traeré una lista de albañiles que conozco para que os lo hagan. Pero tenéis que taparlo, que por 
aquí pueden entrar ratas o cosas peores. Lo haremos, tía, pero tranquila que esto no da al infierno ni nada por el estilo.Mirad, habrá nidos de insectos, de ratas, arañas... Dios sabe lo que puede entraros por ahí. 
Tenéis que taparlo. Pero tía, que de verdad que no... —comenzó a decir nuestro héroe.

La tarde devino en una tremenda charla de la tía a los tres hermanos sobre plagas, enfermedades
infecciosas y otras calamidades, hasta que por fin matriarca decidió que su visita estaba
cumplida. Los tres hermanos se quedaron asombrados.

Nos ha hablado hasta de culebras —dijo con asombro Carolina.Igual se cree que el conducto ese conecta con el inframundo —añadió Juan.No, yo creo que da a Fraggle Rock —sentenció nuestro protagonista.Entonces la tía nos empezaría a dar la brasa con lo malos que son los Fraggles —comentó Juan.



viernes, 14 de febrero de 2025

La casa

 

 

Es una forma
original de 
abordar el
 tema familiar
 y de hacer 
un homenaje
 al padre 
desaparecido
—comentó Fran—. Paco Roca siempre es capaz de dar una vuelta de tuerca
 a las cosas más cercanas.Curioso además en un autor que también es capaz de sacar grandes narraciones épicas 
como Los Surcos del Azar.
 

La Casa, aparecida en 2015, nos cuenta la vida y las anécdotas del padre del autor, aunque
el personaje que usa no es exactamente su progenitor, sino un trasunto de éste, a través
de su vida en una casa de verano que poseía y donde se iba siempre que tenía tiempo
porque según él, en esa casa siempre había cosas que hacer. El cómic arranca con la vuelta
de sus tres hijos a esa casa un año después de su muerte, con intención de venderla y
desprenderse de ella, pero donde van aflorando los recuerdos de infancia, de vida familiar, etc.

Me parece curioso, porque es agradable de leer aunque la visión que da no sé si es 
optimista del todo, hablando de los problemas de la vejez, la vida familiar, la 
incomprensión... —comentó Fran.Es que es capaz de tratarlo de forma muy amena, sin caer tampoco en el drama ni el
 morbo—respondió Juan.Luego está el punto de vivencia personal que tiene esta historia, aunque Paco Roca dice
 que en cierto modo eso ocurre en toda su obra.A mí también me da la impresión de que su estilo de dibujo, siendo el mismo, parece 
aquí como más personal, como más centrado en sí mismo.En todo caso, para mí, lo que define la obra de Paco Roca es un sentido del realismo, en
 todas sus facetas muy personal y muy bien llevado.Y que se nota que se implica.En fin otro cómic muy recomendable, especialmente para quien busque una historia de
 cercanía y cotidianidad.Y un autor español que es conocido y respetado por algo. 

Ficha del cómic, aquí.

Leve mejoría

 


Pues ya sabemos
 lo que van a 
poner en este 
local—dijo 
nuestro 
protagonista
 al doblar aquella esquina.
Yo creo que hemos salido ganando.Bueno, tampoco es que este sea ahora el mejor lugar del mundo.

No hacía mucho que ese espacio lo ocupaba una oficina bancaria de esas que tras años de
intentar engatusar a ancianos y población desinformada habían echado el cierre. Ahora la iba
a ocupar una cadena de Supermercados. Los dos hermanos convenían en que al menos los
supermercados te dejaban comprar lo que necesitaras y no se basaban en engañar gente
vulnerable, pero aun así Fran tenía sus dudas.

A ver, que una cosa es que el Súper no intente robarles la cuenta y su casa a los ancianos,
 pero suben los precios en cuanto pueden, se conocen casos de abusos a trabajadores...—explicaba
 nuestro protagonista.Sí, pero la prueba de que son mejores es que mientras el banco está cerrando y dejando 
sólo oficinas de esas de atención centradas en lo digital y el oscurantismo para engañar
 viejecitos, el súper se está expandiendo.Desde luego, sin duda, yo me fío más de un reponedor o cajero de supermercado que de
 un oficinista de esos con cargos rimbombantes con una palabra en ingles de un banco. Pero
 que desde luego, me gustaban más los negocios familiares que había aquí antes.Pero esos ya no quedan.Y aunque quedaran este local es muy grande, no sé yo si aquí podría instalarse algo 
que no sea una gran cadena comercial.Convenimos entonces que de las posibilidades que hay es la mejor ¿no?Bueno, al menos que nos alegramos de que cierre un banco. 

miércoles, 5 de febrero de 2025

Alarma nocturna

 


Fran se despertó sobresaltado. Todavía era de noche, noche cerrada y debía en buena lógica
seguir durmiendo unas horas más. Pero aquella alarma se disparó y le despertó. Era la de
unas obras de acondicionamiento de la fachada de la casa de enfrente. Se asomó nuestro
protagonista a la ventana y observó que nadie había penetrado en aquel andamio. Juan
Gordal llegó junto a él.

¿Qué pasa? ¿Nadie va a apagar eso?No lo sé, Juan. Desde luego aquí no hay quien 
pueda dormir —respondió nuestro hombre.¿Y nadie más lo oye? Los de la casa de enfrente no se mueve ninguno. Ya, pero nosotros tenemos un sueño más ligero, se ve.

Carolina Gordal también se despertó. Llegó a donde estaban sus hermanos y les habló de
posibles reacciones al estruendo.

¿Y qué podemos hacer? ¿Llamar a la policía?No tengo ni idea, pero ya os decía que no me gustaba ese andamio allí.

Lo más insólito de todo es que como comentaban los dos hermanos nadie más parecía
haberse percatado de que esa alarma estaba sonando. Tras hablar con la policía municipal
y nacional pareció que por fin un coche se dejaba caer por la casa de enfrente. Tras hablar
por el telefonillo no vieron los hermanos qué había ocurrido pero la alarma cesó.

Bueno, a ver si todavía podemos dormir —dijo Juan.Y a ver si quitan ese andamio, porque ahora no me va a dejar pensar en otra cosa —habló 
nuestro protagonista.¿Y cómo nadie más ha oído nada? —preguntó Carolina.Yo que sé, igual eran fantasmas —respondió Juan.Eso, lo que me faltaba para alegrarme la noche —sentenció Fran.