sábado, 16 de abril de 2022

La Pascua más esperada

 

 

—Pues venga, traed el huevo,
 que ya hemos liquidado el 
puto potaje —dijo nuestro 
protagonista aquel día de
 pascua—. Parece mentira 
que hasta después de la 
Resurrección tengamos
 que estar haciendo penitencia.
 —Y parece mentira que lo que estés esperando tú en esta época sea un huevo Kinder gigante a
 tus años —le dijo Juan Gordal
 —Pero si eres tú el que lo ha traído. Haber traído, yo que sé una mona de pascua, o algo más
 adulto, si ese es el reproche.
 —Buenohijosyosoymuyfelizdehaberestadoestasemanaconvosotrosyheidomuchoamisaloquemeda
energíasparaunabuenatemporadadelañoestaeslamejorépocayvamosaacabarlacomosemereceque
ademásyadicenquenosvanaquitarlamascarillla... —comenzó a decir Doña Marta Palacios.

Al oír a la matriarca de los Gordal Palacios nuestro héroe recordó que cuando empezó la nefasta
pandemia que decía que estaba a apunto de concluir, cierto político poco recomendable de su
planeta afirmó que en la pascua de ese mimo año, cuando en todo el planeta se extremaban las
precauciones, él quería a la gente celebrándolo en las iglesias. Dos años después parecía que eso
era factible, a pesar de cierto brote de la enfermedad en el mismo país donde todo había comenzado.

—Pues menos mal, porque en la tienda donde he comprado estaba todo el mundo enmascarado y
al lado de la caja tenían el cacharrito del gel —comentó Juan.
 —Eso está a punto de terminar, dentro de poco podrás volver a toser y engorrinar tebeos con total 
impunidad, Juan —dijo Fran.
 —Ayhijonomedigáisqueesoesloquevaisahaceralastiendasdetebeosyoquecreíaqueibaisamirartebeosy
librosyacomprarlosmejoresresultaqueosdedicáisaesascochinadasnomelocreíadevosotrosperosia
vuestraedadyanodeberíais...
 —Mamá, Fran lo ha dicho como una gracia. En fin, a ver si la pascua este año viene completa 
—sentenció Carolina. 


sábado, 9 de abril de 2022

Comidas típicas

 


Nuestro protagonista
 observaba la cocina.
 Allí estaban los 
productos típicos de 
la época en la
que se encontraba 
la familia: 
Bacalao desalándose, 
garbanzos hidratándose... 
Todo ello
preparado para el potaje
 típico de ese momento.

—Joder, lo odio con toda mi alma —comentaba nuestro protagonista viendo los preparativo
s del guiso típico.
—Pues a mí me gusta, Fran. A ver qué tomas. —¿Pero cómo eso va a gustar a nadie si precisamente era un guiso pensado para la penitencia? —Hombre, peor sería el pan duro.
Al decir eso Carolina Gordal le dio una alegría a nuestro protagonista, que reparó en varias
bolsas de pan duro preparado para otra tradición. El corte del mismo no engañaba. Se iba a 
empapar en leche con canela y cáscaras de cítricos, a rebozar, y a convertir en torrijas.
 —Esto es muy contundente y energético, y también era comida de penitencia —dijo—. Ni 
siquiera la penitencia tiene por qué ser un castigo.
 —HijolaSemanaSantatambiénesuntiempodehacercosasbonitasquetambiñencelebramosquenuestro
SeñorJesucristonossalvóynoslibródelpecadoquenosolohaytristezayahoravoyaponeracalentarlaleche
paraempapar...
 —Joder, mamá, parece mentira que después de todas las misas aún tengas ganas.
 —Hijoesqueamíestomecargadeenergíayahoravamosahacerlastorrijasqueestaránbuenísimassonuna
deliciaesloquequedabaparacelebrarestobienquesonlasmejoresfechasdelañoyporfinsehanpodido
celebrar...
 —Bueno, mamá, tú preocúpate de darme torrijas y punto. 

Dos años más tarde, la semana grande de Doña Marta

 


Aquel año en que nuestro

 protagonista sí tenía 

trabajo, llegar al oasis 

de descanso que
suponía la Semana 

Santa era un

 acontecimiento que se agradecía. Sin embargo su periodo
de asueto parecía condicionado por la necesidad de realizar un trabajo escrito para otro
de sus proyectos.

—Me voy a pasar estos días entre pelis de romanos y procesiones, que este año sí las habrá,
escribiendo como un hijo de puta —comentó.
—Y yo contigo, cabrón. Recuerda que estamos juntos para sacar este proyecto. Si nos dan ese
certificado será para los dos —respondió Juan Gordal.
—Pues yo también tendré que trabajar. Este servicio telefónico tiene su momento álgido ahora
—contestó Carolina.
—Nadie va a disfrutar este año de la Semana Santa. Como los dos anteriores, en la práctica.
La conversación de los hermanos se vio interrumpida de pronto por una voz de entusiasmo.
Doña Marta entró en la habitación con tantas energías como solía:

—Puesyoyatengoelcalendariodemisasyademásmemandanalmóviltodoslosdíasvariasaxctividades religiosasyhaymuchosconciertosprogramadosquemevoyaoírtodalaproducciónreligiosadeBachyaver sivolvemosairalcineoalgo... —Joder, mamá, la única que va a tener vacaciones eres tú y no trabajas habitualmente. —Ya, y encima la juerga mística que tanto la carga de energía —terció Carolina —Casi me dan ganas de dejarla a ella haciendo los trabajos y nosotros comiendo torrijas. —Ayhijosquecosastenéisaversimedejaísamívermiscosasquetengomuchailusióndespuésdedosaños quenohepodidoyseguroquevosotrostambiénveisalgoenlateleytendréisquebuscaroslaformade descansarqueyatrabajáiselrestodeltiempo... —Bueno —concluyó Fran—, mejor si alguien disfruta.


sábado, 2 de abril de 2022

Nadie puede vencerme

 


—Por algún motivo, una
 vez más, se ve que ningún
 deporte pega con el cine 
como el boxeo 
—comentó Fran al acabar
 Nadie Puede Vencerme.
 —Yo la había visto antes pero
 creo que con otro título 
—comentó Juan.
 —Puede ser, hubo dificultades para que llegara a España, y luego con el título original. Cuando
 era muy fácil traducir The Set Up como el tongo, el amaño, etc.
 —En todo caso es increíble cómo mantiene la tensión y ese final tan duro y feliz a la vez.

Nadie Puede Vencerme era una de las películas que comenzaron a hacer grande a Robert Wise. El
que llegaría a ser director de películas míticas como West Side Story nos muestra aquí la historia de
un boxeador en la cuesta abajo de su carrera que se resiste a aceptar que ya no tiene nada que hacer
en ese deporte. Por ello, unos gangsters deciden contratarlo para amañar un combate con el que
pretenden lanzar la carrera de un joven púgil emergente. Sin embargo el orgullo del protagonista le
tienta a ganar la pelea y estropear el tongo. Mientras su mujer sufre porque no le ve en condiciones
de aguantar muchos más esfuerzos y golpes. Todo ello confluye en un final muy sorprendente que,
desde luego, se queda en la mente de los que lo ven.

 —Quizás no me gusta el ambiente y la imagen que da del boxeo, demasiado sórdida —dijo Fran.
 —Ya sabes que por desgracia los gangsters han merodeado mucho ese deporte, y más en la época 
de esta película.
 —Y con un reparto no excesivamente brillante y pocos decorados crean una historia muy impactante.
 —El protagonista, Robert Ryan se nota que había sido boxeador en la vida real y lo hace muy bien.
 —Y también la mujer.
 —El suspense es buenísimo y la rematan muy bien. Si es que un buen guion puede con todo.
 —Habrá que mirar en todo caso por qué el boxeo pega tan bien en el cine.
 —Sí, otros deportes no dan igual de bien en pantalla. 

Ficha de la película, aquí.

Otra vez sin sol

 


Aquel domingo nuestro protagonista se fue a dormir con un poco menos de ganas de lo
habitual. Se había producido el cambio de hora, y notaba cómo a la hora de acostarse
no tenía el sueño que solía tener. Además ese año sí tenía un trabajo que le obligaba
a madrugones que no había sufrido en algunas ocasiones anteriores.

—Me cago en la leche, encima hay que dar gracias por tener trabajo
—Claro, Fran, ya verás cómo en cuanto te pongas mañana en marcha ni te acuerdas de
esto —le dijo
 Carolina.
 —Esoeshijoyomedespertarécontigoparadecirteadiósdejayalostebeosquetienesque
acostartesinomañananohabráquientelevanteparaleeresascosasvasatenermuchotiempoy
ahoranitelovasapasarbienconeso...—Intervino Doña Marta Palacios.
 —Sí, pero no tengo nada de ganas.

Nuestro protagonista se encaminó a su dormitorio y recogió todo de mala gana. En contra de lo
que creía se durmió con relativa facilidad. Pasó una noche buena y se puso en marcha cuando su
despertador sonó. Pero al levantarse observó que no entraba el sol. Con el cambio de hora, de
nuevo volvía a levantarse antes de la llegada del día, algo que había dejado de pasar hacía como
un mes. Se encaminó a sus tareas, se fue al transporte público, y cuando salió en su estación de
destino se dirigió a su puesto. Todo ello bajo la luz de la luna y las estrellas. Sólo al final, justo
antes de entrar, se asomaba un tímido rayo de sol en el horizonte.

 —Habrá que volver a salir a ver el sol en los fines de semana —dijo entrando a su puesto.
 —Con este horario de trabajo Drácula no tendría problemas —le respondió uno de sus compañeros.

 Sin embargo nuestro protagonista se consoló pensando que quizás en unas pocas semanas los días
 se alargarían lo suficiente para no levantarse de noche. 


martes, 29 de marzo de 2022

La implosión

 


Los Gordal Palacios  veían tranquilamente en su casa la televisión, que esa

noche echaba una película interesante, cuando un terrible golpe los puso en alerta.
Hasta Doña Marta Palacios fue capaz por una vez de ser escueta en su habla:


—¡¿Qué ha sido eso?! —preguntó la matriarca de los Gordal Palacios
—Si no fuera imposible diría que ha entrado alguien en casa —contestó nuestro protagonista.
 

Carolina Gordal miró en su habitación visiblemente angustiada y Juan Gordal comprobó los plomos
y los fusibles. Nada extraño. Tampoco la puerta estaba abierta como observó nuestro héroe.

 —En la cocina tampoco había nada —aclaró Carolina Gordal.
 —Pues nada, vamos a sentarnos.
 La familia se sentó y permaneció diez minutos tranquila, pero con el resquemor de que algo debía 
ir mal. Cuando pasado ese tiempo Carolina fue a la cocina a por un vaso de agua y se encontró de
 bruces con una auténtica inundación. El agua de la lavadora llenaba el suelo de media cocina. 
 —¡Rápido!¡Ayudadme! —gritó
 —¡¿Que es esta riada?! Geitó nuestro protagonista mientras buscaba el cubo y la fragona.
 —Nomedigasquesehanrotolastuberíasaversiahoravanatenerquevenirlosbomberosaarreglarlo
conlotranquilosqueestábamoscómohaocurridoestoycómovamosaarreglarlosinadiehatocadonada
silascañeríasestánpicadasavercómosearregla... —Balbució Doña Marta Palacios.
 —De momento traed papeles para que absorvan, periódicos o lo que sea —senteció Juan Gordal.
 
 Pasado el primer momento de tensión, la familia observó que por fortuna aquella fuga no venía
 de las cañerías sino de la lavadora. Juan Gordal, que parecía ser el que más dominaba la situación,
 recogió con relativa facilidad aquella riada y Carolina Gordal abrió la tapa de la lavadora. Lo que 
vio sorprendió a toda la familia: ninguno entendía cómo pero el tambor de la lavadora estaba 
completamente abollado. Lo que había pasado es que de alguna manera una de las compuertas
 interiores se había abierto en pleno lavado, con lo cuál todo dentro de la máquina había estallado.
 —¡Joder! Pues nos hemos quedado sin lavadora —dijo Juan Gordal.
 —Buenohijomuchomejorestoquenolascañeríasgraciasporloquehashechoyporhaberrecogidotodo
yometemíalopeoralosbomberosaquíynosotrosfuerasinpoderusarelaguayteniendoquecambiartodala
instalación... —comentaba aliviada Doña Marta.
 —¿Y tú qué haces ahí petrificado? —preguntó Carolina a Fran.
 —Es solo que... nunca había visto... nada parecido...—explicaba nuestro protagonista sin acabar 
de comprender cómo había podido pasar eso.
 —Bueno, lo principal es que habrá que traer otra. Vaya sablazo —aseveró Juan.
 —Pues con lo que podría haber pasado poco es. Al menos se ha quedado todo dentro de la
 carcasa de la lavadora —añadió Fran todavía con el asombro en la cara mientras sacaba pedazos 
del tambor de la lavadora con las manos. 


Leer hasta el final

 


Llegó nuestro protagonista al final de aquella revista. Ya estaba enterado de muchas
novedades que iban a producirse en el cómic y el cine en los próximos meses. Las
reediciones de Grand Dolls de Tezuka y de Jeremiah parecían apetecibles.
En el cine ya estaba Red, la nueva de la Pixar. Esta despertaba unos sentimientos
curiosos en nuestro protagonista, que por un lado, de acuerdo a lo que había oído,
no correspondía en absoluto al público que buscaba esa obra de animación, pero por
otro lado era un asiduo seguidor de la productora.

Sin embargo, lo que le abrumó fue una

sensación extraña- Lo único que no

se había leído
de la revista era un anuncio

a doble página de muebles para diversas zonas de la casa,
destacando sobre todos ellos una estantería. No había nada en aquel anuncio de una
cadena de productos de hogar que pudiera atraerle, pero sentía una ansiedad extraña
siendo lo único que no se había leído. Dos páginas de la revista que se iban al limbo.
Durante lo que a él le parecieron horas, pero en realidad debieron ser poco más que
dos minutos, Fran dio vueltas a la cabeza pensando si se dejaría eso o completaría
su lectura entera. Los pensamientos se agolpaban en su mente: Eran dos páginas... Dios,
esto es lo que menos me interesa del mundo... Pero me he leído todo... No soy capaz
de completar ni la lectura de una revista, soy un mierda... Vamos a ver, lo que es de
tarado es querer leérsela pase lo que pase... Y al final no pudo resistirlo. Se
empapó en la elegante madera de la que estaba hecha aquella estantería, en lo fácil
de montar que era, en lo mucho que luciría en su casa. Y cerró la revista aliviado,
pero sin la certeza de haberse comportado como lo haría una persona equilibrada. Cuando
salió de la cocina Doña Marta palacios le explicó lo que había oído por la radio:

 —Aquíestabandiciendoquetienenunosmétodosdepersuasiónincreíblespareaqueunopresteatencióna
lapublicidadhijoquecadavezseperfeccionamásyohealucinadoconalgunosaunqueporejemployasabía
quecolocandounanuncioenunlugaruotrodeunarevistayatecondicionan...
 —Que va, mamá, son tonterías —dijo riendo nuestro protagonista.