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jueves, 17 de junio de 2021

El fútbol nos trae esperanza.


 Aquella Eurocopa estaba trayendo esperanzas a nuestro protagonista, y no precisamente
futbolísticas. Curiosamente un ambiente como de desconfianza, de pesimismo envolvía a
la selección del país donde vivía nuestro protagonista. Aunque el fútbol era siempre
un entretenimiento nadie, tampoco Fran, confiaba en que el equipo nacional hiciera
grandes cosas. Sin embargo aquellos campos empezaban a mostrar un detalle que hasta hacía
poco más de un año se daba por descontado en un estadio de fútbol, pero que ahora era un
signo de esperanza: el público. Aquella edición del campeonato se producía en una fecha
redonda, hacía sesenta años de la primera celebración del torneo. A modo de homenaje se
había decidido que en vez de ser en un país concreto los partidos se celebraran en los
estadios más emblemáticos de todo el continente. Y eso permitía ver que según fuera
la situación pandémica de un país u otro, se permitían diversos grados de ocupación de
los campos. En el país de nuestro protagonista, por ejemplo se permitía ya llenar hasta
el 25% del aforo del estadio.

 —Qué aspecto más curioso tiene la grada, ya con público pero vacía en su mayor parte.
 —Silovieramosantespensaríamosquehahabidoalgúnproblemaoqueelpartidotodavíanohaempezado
peroahoraesunllenazobuenoanimaunpocoyasevaacabandoestoahoranosésillevanlosaficionados
ademásdebufandasyloquesolíanllevarmascarillasycosasdepandemia...
 —Hay hasta aficionados que dicen que se compraron cosas de pandemia y que los seguirán 
llevando, mamá.
 —Cuandoesténloscamposllenosseguiránllevándoloserámásnecesarioquenuncahabiendoesa
concentraciónentiemposdepandemiaperosidicestúquesiguenllevándoloahorahabrámáscolorquenunca
enelcampo...
 —Ya permiten aforo completo en países como Hungría, por ejemplo. Y si lo hacen se supone que 
es porque esto se pasa, mamá.
 —Aysíaversisepasaqueestmoshartosyoestoydeseandoquitarmelamascarillacasimeahogoconellano
puedomástengounasganasdequeacabeenormesesunasuerteverquesedanpasosparaestomegustaver
genteenelcampo...
 —Sí, el año que viene iré a ver al Atleti. 



lunes, 31 de agosto de 2020

La memoria pandémica.


Acudía nuestro protagonista a hacer aquellas compras que le habían encargado. Tenía algo rondándole la cabeza, pero no sabía qué era. Algún error, algún fallo, algo que había dejado mal al salir de casa. 

Tuvo que llegar al supermercado de la
esquina y ver el gel de manos para darse
cuenta. Como queriendo confirmar su
revelación la cajera le dijo:
⸺Señor,no puede entrar sin mascarilla.
Aquello era. Había salido de casa sin esta
prenda tan necesaria en los tiempos en que
corrían. No era la primera vez. Cada cierto
tiempo le ocurría y no acababa de asimilar el
acto reflejo de mirar al salir de casa si la llevaba.
Miles de veces se lo había propuesto, y sin
embargo siempre acababasorprendiéndose boquiabierto en la calle sin su mascarilla, exponiéndose a la
pandemia que seguía castigando el mundo donde vivía nuestro protagonista.. Ni siquiera la amenaza de
las autoridades de la ciudad donde residía de multar hasta con 100 euros a quien saliera de casa sin ella
había logrado metérselo en la cabeza. Ahora tocaba la segunda parte, volver a casa con mucho cuidado
de no pararse ante una patrulla de municipales. Lo cierto es que hasta entonces ni una sola vez le
habían llamado la atención por esos olvidos, pero bastaba dar con un munipa un poco quisquilloso o con
ganas de lucirse para que el descuido empezara a tener consecuencias graves. Eso sin contar los
gérmenes y virus que Fran se sentía avergonzado de haber transmitido. Viendo una patrulla al fondo de
aquella acera que transitaba, y una farmacia a su mismo lado, Fran optó por entrar en la misma y
comprar una mascarilla:

⸺Aquí la tiene, señor, y no se preocupe, todos
somos humanos.
⸺Precisamente, por eso hay que protegerse.
Nuestro héroe salió con la mascarilla de la farmacia
. Iba feliz con ella en dirección a su casa a coger la
prenda protectora... Y cayó. Otra vez había metido la
pata, ya no era necesario subir una vez que se había
comprado la mascarilla de la farmacia. Dio media
vuelta y volvió al súper enfurruñado. Cuando salió de
él llevando sus pobres compras de queso de untar,
coca-colas, etc se cruzó con el coche de los
municipales. Echó a correr para entretenerse con
ellos lo menos posible, y cuando se alegraba de
no haber tenido bronca con ellos...Sí, en efecto,
se dio cuenta de que ya no había motivos.
Joder, pensó, qué mañana más
espesa llevo. Espero que haya sido porque me he quedado descolocado con lo del primer olvido, pensó,
no que ya sea así de corto.

miércoles, 11 de julio de 2018

Actividades de riesgo en verano,

"Se recomienda no salir a la calle a las horas de más sol e hidratarse bien", repetían una y otra vez, como cada año por esas fechas, las noticias. A nuestro protagonista siempre le provocaban risa esos avisos por obvios. ¿Quién se iba a exponer a todo el sol de primera hora de la tarde, o no iba a sentir la sed y beber agua? Cada año , influidos por la carencia de verdaderas noticias por un lado, y por la audiencia, que en ocasiones parece prestar atención sólo a las alertas de catástrofes por otro, los medios de comunicación daban la sensación de que cosas absolutamente normales en verano eran un peligro inminente. Así que nuestro héroe recorría la ciudad pensando en lo a gusto y a salvo que iba a sentirse cuando dejara de exponerse a insolaciones y se "hidratara" con dos vasos de agua en cuanto llegara a casa (antes se llamaba beber). Al mismo tiempo, pensaba si él alguna vez había corrido peligro real en verano. Por causas directamente imputables a la naturaleza de la época, queremos decir. Si incluso con la gente fuera y la ciudad medio vacía, había veces que se podía cruzar calles tan céntricas como el paseo del prado sin temer ser arrollado por los coches, lo que resultaría absolutamente impensable en otro momento del año. Quizás si fuera alérgico las picaduras de insectos o medusas le hubieran supuesto un peligro real, pero en su caso no pasaban de molestas. Y accidentes en playas o piscinas, del tipo de raspones, caídas, o golpes eran en su opinión más consecuencia de despistes o falta de cuidado que del verano. Nada que no pudiese ocurrir en invierno realizando otras actividades. De pronto pasó por una zanja en la acera donde varios obreros realizaban actividades pesadas. Aunque parecían provistos de botellas de agua y nuestro héroe desconocía su horario, pensó que quizas estos sí que, por obligación, corrían el peligro de insolaciones o deshidratación. ¿Qué proporción de gente no podía en los tiempos actuales permitirse unas merecidas vacaciones estivales? A lo mejor sin este porcentaje era alto justificaba los avisos, y depende del tipo de trabajos. Nuestro héroe había trabajado siempre en espacios climatizados y con fuentes de agua cerca. En aquel verano era cierto que daba gracias de poder descansar, pero no era lo mismo incómodo que mortal. Entonces se apartó para dejar paso a otras personas en una calle estrecha y...

-¡Cuidado! -legritó un hombre! Mira dónde has estado a punto de poner la mano.

Y es que al apartarse nuestro protagonista casí había echado sus brazos en una cornisa por la que se paseaba una oruga de una especie de muy mal recuerdo en la familia Gordal Palacios: una procesionaria del pino. Aquella iba sola, no integrada en ninguna "procesión", pero era inconfundible. Recordaba nuestro protagonista aquella vez que su perro Trece casi se ahogó por lamer una y cómo se le había puesto la espalda a una compañera de Doña Marta Palacios a la que le calló una por la espalda. Sí, aquellas orugas van soltando una secrección que inflama todo lo que toca y produce sarpullidos. Bueno, pensó nuestro héroe. Ya puedo llegar tranquilo a casa, ya he descubierto un peligro real del verano.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Nos va a salir por las orejas.

-Bueno, vaya comilona -decía nuestro protagonista después de tomarse dos platos de aquel codillo.
-Pero nos sale por las orejas y ha sobrado un huevo -dijo Juan reluciente de pies a cabeza.
-Noséquévamosahacerestosdíasporquetenemosmuchos
restosdeestecodilloymuchasotrascosashemos
hechocomidapormuchosdíasaversiledamossalidaporque
seríaunapenaquesetiraraeramuybuenodesde
luegoestanochehayqueseguir...
-Buf, otra vez a comer lo mismo.

Fran se retiró a su cuarto a dormir algo de siesta y oír el fútbol, cuando recibió una llamada de la tía María Cristina:

-Hola, floritos ¿vais estar esta tarde en casa? ¿puedo pasarme a las cinco?
-Ya te he dicho muchas veces que no me llames florito, tía, pero sí, claro que estaremos.
-Menos mal, porque tenía que llevaros una cosa.

Esta respuesta dejó intrigado a nuestro protagonista, pero poco importaba cuando había que barrer y preparar la casa para la visita. Doña Marta había fregado los platos, metieron en la nevera una enorme olla de restos del codillo y barrieron la casa. Cuando llegó la tía María Cristina estaban pensand, que ella que era siempre tan fanática de la comida frugal podía llevarse un susto si llega a ver el yantar de los Gordal Palacios. Tía Maria Cristina llegó y saludó muy efusivamente a Diez.

-Qué bien y qué bonito lo tenéis todo, os habéis ganado esto que os he traído.

Fran recibión de manos de su tía la fimbrera y comprobó con horror que el presente de su tía era...¡Más codillo!

-Joder, tía, nos va a salir el codillo por las orejas
-Seguro que no lo habéis probado nunca, está buenísimo -dijo tía María Cristina con su habitual vicio de descubrir lo que todos sabían.
-Tía, lo hemos comido hoy mismo en gran cantidad.
-Pues ya sabéis, os encantará.
-Desde luego, pero nos va a salir por las orejas el codillo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Cuestión de acostumbrarse.

-¡Joder, y es lo que se está imponiendo! -exclamó aquella noche nuestro héroe al encender su lámpara.
El día anterior se había fundido la luz de su cuarto, y nuestro protagonista había tenido que cambiar la bombilla. La nueva era una bombilla LED de las de ahora, ya que cada vez costaba más encontrar de las convencionales. Su luz era mucho más blanca y potente de lo que estaba habituado nuestro protagonista.

-Amímepasóalcambiarladelacocinaesmuchomás
blancaperoahorayanospareceatodosnormalescosa
deacostrumbrarseyaveráscómoenpocotiempo
solotienesque usarla...
-Vale, mamá, buenas noches -dijo nuestr protagnista y se metió en la cama con los ojos aún estremecidos del fogonazo.

Por la noche, como de costumbre, nuestro protagonista fue al baño y a por un vaso de agua, y al encender la luz de su cuarto de nuevo sus ojos quedaron parcialmente deslumbrados.

-¡Ahora me va a costar tooda la noche volver a dormirme! -dijo. Sin embargo en la cocina, la luz, que era del mismo tipo no le produjo ningún efecto-. Será cosa de acostumbrarse, sí.

Al día siguiente se puso al leer un libro con aquella luz y ya empezó a parecerle más normal.

-Quétalvaesaluzparaleerhijoqueyoaúnnolohehechoyparecequetúsí...
-Pues al principio me costaba, mamá, pero parece que ya me voy acostumbrando.
-Puessigastanmenosyduranmássinfundirsenomeextrañaquesevayanimponiendoesasbombillasdentro
depoconohabrádelasotrasperoahorabvenalamesa...

Nuestro protagonista se levantó y acudió pensando que en efecto, valía la pena pasar un día malo, luego todo eran ventajas, a ver si es verdad que duraba más y... Entonces su pie se enred´en el hilo de la lámpara, y esta cayó rompiéndose la bombilla.

-Joder, y ahora a recoger los cristales a oscuras. Pues si va a durar esto no me convence, no -dijo, ypensó que apartir d entonces tendría que extremar el cuidado al andar con su lámpara.

lunes, 9 de octubre de 2017

La oficina de las supermujeres

-¡Vaya dos tías han entado en esa oficina! -dijo nuestro protagonista a su hermano.
-Sí, y ayer cuando saqué a Diez se le quedó mirando otra chavala impresionante de ahí.
-Entonces habrá que pedir trabajo ahí.
-Sí, para hacer acoso laboral, se te ocurre cada idea...

Lo cierto es que desde hace varios días al pasar por esa oficina un montón de mujeres despampanantes aparecían en escena. Los dos hermanos no llegaban a entender lo que pasaba ahí.

-Debe ser una especie de oficina Playboy, deberíamos preguntarnos a qué se dedican.

Entonces una rubia muy escotada salió de la oficina y dejó una caja de papel en un contenedor que había cerca de esa calle.

-Pues no, parece hacen lo mismo que en cualquier otra oficina.
-Son unas chicas trabajadoras, competentes, con empleo estable... Están más allá de tus posibilidades, Fran.
-Joder, pues voy a echar el curriculum aquí.
-Para eso -dijo una morena espectacular detrás de los dos hermanos-, tendrás que hacer unas oposiciones de administrativo. Ésta es una oficina del Ayuntamiento -y dicho esto entró mientras los dos hermanos se quedaban mirando cómo movía el culo al andar.
-Joder, pus esas oposiciones son una mierda, pero...
-Será un plan del Ayuntamiento para aumentar el interés por esas oposiciones -dijo Juan.
-Será, porque más que una oficina parece un harén.


miércoles, 2 de agosto de 2017

Juan y la marabunta

-Pues ha sido una buena idea venir un día con Diez a leer al Retiro -dijo Juan
-Sí, así salimos, respiramos aire puro y no gastamos

Los dos hermanos habían cambiado el itinerario que venía siendo habitual desde que Diez se había hecho mayor y le habían ayudado a llegar al gran parque madrileño. Uno y otro tenían ejemplares cogidos de la biblioteca que debían terminar y devolver.

-Pues ya sabes, quien a buen árbol se arrima... -dijo Fran.
-¿Seguro que quieres sentarte ahí? -preguntó su hermano.
-Hombre, ni que esto fuese la selva. Aquí no hay fieras y se ve alrededor...
-Como quieras -dijo Juan y finalmente se sentó bajo el frondoso roble del que le hablaba su hermano.

Fran se concentró en su lectura, pero Juan estaba visiblemente inquieto

-¿Que te pasa?
-Joder, que me pica un huevo la espalda. ¿Tú no notas nada? Será el árbol...
-Es un roble, no es molesto ni urticante que yo sepa -dijo Fran y volvió a su libro
Pero Juan no lograba quedarse quieto.

-Oye ¿qwé tengo en la espalda? Échame un ojo.

Y entonces Fran se sorprendió completamente: una hilera de hormigas subía y bajaba por ella. Después ambos hermanos vieron que el árbol estaba sobre un hormiguero desde el cuál los insectos subía por su tronco hasta la copa.

-¡Me cago en la leche, vaya árbol has ido a escoger! Encima de la puta marabunta
-Esas hormigas no las hay aquí, estas no se te van a comer vivo, sacúdete.
-Pues no se me comerán, pero no gracias a ti, cabrón. Tanto decir que no había fieras, y había lo peor de la selva, la marabunta.
-Que no, que estas hormigas no son esas, e incluso esas no se comen animales grandes. Los m´s grandes cangrejos..
-Pes no se me comerán, pero media hora de espalda escocida por tu estupidez. Ya ves, incluso en el Retiro hay que tener cuidado.


lunes, 22 de mayo de 2017

Mensajes ajenos y vergüenza propia.

-¡Otra vez ! -djo nuestro protagonista cuando le llegó aquel mensaje.
-¿Otra vez qué? Preguntó Juan.
-Pues otra vez que me llamn los alumnos de mamá, o mejor las alumnas, casi todas son niñas preguntando por sus notas. ¡Vuestra manía de no querer móvil y dar el mío!
Juan soltó una risotada y observó el mensaje, un mensaje de Whatsapp que solo podía haber escrito una niña de 15 años:

“Hola, seño Por favor dígame mi nota porque estudié mucho y lo estoy pasando muy mal. Llevo unos días qu no como ni duermo, y mi madre está muy nerviosa esperándolas. Porfa, no me haga esperar más”

Un emoticono de nervios cerraba este párrafo.

-Bueno, todos hemos pasado por eso.
-Una mierda, yo no llamé a mis profesores nunca, y si lo hacía hablaba con ellos, no con otrra persona. ¡Que hace muy mal efecto que un hombre de 3o y tantos años tenga el móvil lleno de mensajes de menores de edad!
-Bueno, nadie va a espiarte el móvil.
-Faltaría más. Tengo todo lleno de perfiles de quinceañeras tipo manga.
-A muchos eso les haría ilusión. De verdad no entiendo de que te quejas.



Entonces el móvil volvió a sonar. Fran, resignado, cogió otra vez el móvil:

-Buenas -dijo unma voz de hombre-. Preguntaba por Doña Marta Palacios Cruz.
-Es mi madre ¿de parte de quién?
-Bueno, soy el ginecólogo que y tengo los datos de su revisión, pero si no le importa los hablaré con ella ¿vale?
-De acuerdo. Le diré que le llame.

Fran colgó el móvil y explicó a su hermano quién era y el mensaje.

-Vale, y empiezo a entender por qué no te gusta eso.
-Pues aver si entráis de una vez en el siglo XXI que por tu parte también me llaman editores, de bibliotecas cuando te retrasas y demás bichería.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Supervivientes urbanos.

Acababan de comer nuestro protagonista y su hermano Juan y tocaba sacar a Diez en su paseo. Justo antes de salir por la tele estaban dando un reportaje sobre la destrucción de hábitats por el hombre y cómo muchos animales estaban desapareciendo. Sin embargo otros, como los macacos que inundaban gran parte de las ciudades de la India Moderna parecían saber adaptarse.

-Pues yo de todas maneras estoy preocupado porque cada vez haya menos espacio de naturaleza -dijo Fran.
-Bueno, nosotros en la ciudad no lo vemos, pero es casi imposible encontrarse un árbol salvaje o fuera de los parques de los humanos.
-Aun así me parece curioso (aunque no deseable) ver cómo esos bichos s adaptan y algunos hasta sacan partido.
-Pero son muy pocos, Fran. Yo digan lo que digan no me imagino que aquí en Madrid haya ningún animal salvaje que sobreviva.
-Hombre, muchas veces hemos visto en los parques a los insectos pelear, las hormigas cazando...
-Sí, pero ¿qué animal más grande que ellos sobrevive aquí?

En ese momento Juan se llevó un sobresalto porque un gorrión, una hembra pasó en vuelo bajo justo por delante de sus narices y se posó en los huecos que dejaban entre sí los ladrillos de una ventana tapiada. Como en los mejores documentales de la naturaleza, tres polluelos salieron a pedir y fueron cebados por su madre.

-Joder, pues algunos sí que sacan partido a la ciudad, sí -dijo nuestro protagonista.
-Yo de hecho nunca había visto fuera de la tele el momento de la madre alimentando a los polluelos.
-Pues bueno, es curioso. Pero eso en modo alguno cambia que deban cuidarse los bosques y selvas.
-Desde luego.

sábado, 8 de abril de 2017

Doña Marta entre las procesiones y el cine.

-Buenohijoshoyhemadrugdoporquequeríairamisadenueveaquíteneíslastorrijasyluegoprocesiónenla
CalleToledo...
-Tranquila, mamá, respira. Ya sabemos que la Semana Santa es para ti lo más imprtante del año, pero...
-RecordadquemañanaypasadosólopararéaquíacomerporqueelsacrificiodelSeñoreslomásimportante
delavida...
-Pero nosotros pensábamos estas vacaciones ir contigo al cine, aver por ejemplo El Bar.
-Claroquevamosairdespuésdelamisatendrémuchasmásfuerzasparahacertodoloquetengopensadoque
yahedejadoelpanaendurecerseytengotambiénelpotajeparaelviernes...
-Bueno, yo digo que el domingo para celebrar el triunfo del Señor con su resurrección podríamos ir a ver el Bar.
-ClaroqueiremosaverelbardespuésdelpotajeylacomuniónelSeñormedarámuchosminutosparapasarconmis
niñosyvertodoloquepuedadesumano...
-Bueno, pues lo celebro.
-Yyoesperoquealgunavezcomprendáistodoloquesepuedesacarespiritualyfísicamentedemis
procesionesrezosoracionesycomuniones...
-No seguro que sí. Que lo disfrutes.


Otra de la primera impresión.

-Gracias -dijo Fran Gordal a aquella camarera mientras le servía el doble.
-¿No la has reconocido? -le dijo Juan.
-No. ¿La habíamos visto antes?
-¡Cómo si la habíamos visto! Es Esmeralda.

Frn miró de nuevo a su servidora y reflexionó. Y entonces cayó del guindo. Esmeralda era una camarera anormalmente atractiva y explosiva que habían visto en sus salidas por Huertas. Nuestros dos protgonistas solín comparrlas con las mujeres atractivas que salían enn las historietas dl personaje del Jueves  El Profesor Cojonciano. Ahora por lo visto trabajaba en ese otro local, lo que no era extraño dado que por lo visto un mismo grupo empresarial poseía casi todos los bares y establecimientos de la zona. Pero por lo visto aquí trabajaba más, atendía a más gente, el cansancio y el volumen de trabajo le hacía mella y no estaba ni la mitad de guapa que antaño. Pero un segundo examen visual quitó todas las dudas a nuestro protagonista.

-Joder, pues si no me lo dices...
-Bueno, Fran, el otro sitio era más de juerga y noche. Aquí está más de trabajadora.
-Pero no tiene ni la mitad de curvas, no sonríe como antes, tiene ojeras...
-Y probablemente tampoco gana más dinero.
-No hay derecho a echar a perder así a una persona.
-Tampoco exageres que ya querrías tú para ti a la actual Esmeralda.

Entonces la chica se acercó a los dos hermanos.

-Perdonad. ¿Vosotros no sois lo que veníais tanto al Molino, el bar de más arriba?
-Sí -dijo Fran esbozando su mejor sonrisa-, te solíamos pedir las copas por la noche y...
-Es que de primeras no os había reconocido. Me moví aquí porque me salía más a cuenta y ahora he podido alquilar otro piso más grande.
-Me alegro.
Cuando los dos hermanos volvieron a quedarse en un aparte Juan le comunicó a Fran unas cuantas conclusiones:

-De modo que aquí está mejor y tampoco te ha reconocido. Claro tú, inequívocamente, sin que sea un a opinión subjetiva estás mucho más gordo.
-Gracias por tus ánimos.
-Pero estabas criticando y dime ¿quién h salido perdiendo ahora?

Fran tuvo que guardarse esa reflexión para él. Una vez más había juzgado la primera impresión y sin ver más que el aspecto externo de Esmeralda. ¿Y ahora podía decir ñl mismo sin avergonzarse?

domingo, 18 de septiembre de 2016

Decepciones e ilusiones otoñales.

 Nuestro protagonista se disponía a bajar a la calle y se estaba vistiendo. Aquel día ya comenzaba a haber
 temperatura otoñal. Acostumbrado como aún estaba a la manga y el pantalón cortos tuvo que interrumpir
 la tarea para buscar pantalón largo, calcetines, botas... Otra estación del año se iba escapando y él se daba
 cuenta, usualmente le apenaba un poco despedirse del verano, pero casi siempre encontraba un motivo de
 cierta ilusión en estrenar alguna prenda nueva. Aquel año eran sus botas. Unas botas recién compradas 
 que ahora, recubriendo los pies y calctines de nuestro protagonista sustituían sus sandalias. Recogió su 
cartera y bajó a la calle. En el ascnsor iba pensando sobre lo dicho: “Bueno, si uno no está 
exageradamente en buena forma, el invierno disimulará mejor sus carencias, las botas son muy buenas y
 aún no tengo que llevar chaqueta.” Sin embargo, al llegar a la calle notó que la temperatura era más f
resca de lo que había supuesto, y eso le incomodó. El tiempo se escapaba más rápido de lo que pensaba. 
Al menos hayó consuelo rápido insistiendo en lo que solía levantarle la moral: “Así estreno también 
chaqueta o jersey”.
 

miércoles, 24 de agosto de 2016

Ni para ostentar sirve ya.

Aquel día andaban Juan y Fran Gordal por Atocha, cuando una vez más apareció aquel vehículo ridículo y espantoso del que tantas veces habían abominado ante sus familiares y amigos: Una limusina Hummer de color rosa chillón que alquilaban para fiestas horteras y despedidas de soltero pijas. Sin embargo, aquella vez nadie volvió la cabeza ni comentó nada al respecto.

-Ya la gente la tiene asumida -dijo Juan
-Pues si la alquilaban para lucir lo horteras y pastosos que son me gusta que ni siquiera sirva para eso -respondió Fran.
-Sí, en parte te reconcilia con la humanidad.
-Ya vez tú, un hortera que un día en su vida quiera hacer com que tien pasta y alquila eso.
-Yo creo que un pijo muy hortera quiere lucirse alquila eso.
-Bueno, en cualquier caso, me gusta que la gente reaccione así, no merecen ni comentarios. El desprecio más absoluto es lo que merecen.
-Dí que sí, que aprendan.


miércoles, 22 de junio de 2016

Doña Marta y el Parque.

-Bueno, mamá ya debe estar a las seis a punto de llegar -dijo Fran Gordal.
-Hoy había ido con sus alumnos al Parque de Atracciones. Creo que vendrá agotada. Vamos a prepararle un poco la cena y la casa.

Los dos hermanos se enfrascaron en limpiar el comedor, preparar los boquerones que había de cena, bajar la basura y adecentar los sillones par que Doña Marta Palacios pudiese cenar y descansar en cuanto llegase. Pero una hora más tarde , su madre volvió a dejarlos mudos:

-AyhijosquebienlohepasadolosniñossonmaravillososyelParquelesencaantabaperoyonosécómose
subenenesascosasyonohesidocapazperosíhenetradoenelPaseodelaprehistoria...
-¿Que ni siquiera te has subido en las atracciones? Te habrás aburrido como una ostra.
-NoporquelosalumnostenetretienensiempreyunonovaasubirencosasqueledanmiedoelPaseodelaPrehistoriareseno
hentendidoquéhabíaquehacerperomelohepasadomuybienylacosaesadelExpedienteWarrendecíanque
eramaloparaloscardíacosporloquenoheentrado...
-Joder, lo que le ha gustado eran los jueguecitos de tiros del Star Laser -aseveró Fran.
-Pero si no se ha subido en nada y está pletórica.
-¿Vas a cenar al menos?
-Yohambrenotengomuchaporquemehcomidounbocadilloperoaguasíquequieroestoysecaperoahora
voyaponermeelpijamayaversillamoparaquedarmañanaconmiscompañeroslosalumnossiempreledana
unoenergía...
-¿Seguro que ese bocadillo no estaba dopado? -preguntó Fran.
-YaestáéseconlaEPOseguroquesehubiesesubidoenlasmontañasrusasyencimahubiesedisfrutadoaversivaisvosotrosalParque...
-A mí esos sitios no me gustan, mamá, -dijo Juan- pero mno entiendo que sin montarte en nada telo hayas pasado bien.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cuando se pierde un anillo.

Desde el mediodía llevaba Doña Marta Palacios sin hablar casi (¡precisamente ella!) y a ratos con gestos de estar a punto de llorar. Fran y Juan Gordal le habían preguntado, pero solo respondía:

-Es que tengo miedo de estarme volviendo tonta con la edad.

Ahora ya en la cena, las lágrimas se le saltaron. Los dos hermanos se echaron encim y le preguntaron:

-¡Es que he perdido el anillo de vuestro padre! ¡Y es muy importante para mí! Era mi marido y además se me olvidan las cosas y...
-Bueno, mamá. No te preocupes que seguro que aparece.
-¿Y si se ha perdido, qué?¿Que le den a vuestro padre?
-Mamá, se te ha perdido más veces y siempre ha aparecido -dijo Juan.
-Y muchas más cosas igual cada día: las llaves, el bolso, la agenda...
-Me estoy quedando tonta. Cada vez me pasa más a menudo.
-No, mamá, perdías las cosas desde hace muchos años.

Doña Marta se levantó y se fue dormir. Al día siguiente dio su clase, se fue a un concierto, y cenó con normalidad. Pero al irse a dormir volvió con los lloriqueos y los lamentos. Al irse a dormir, en sus rezos, los dos hermanos oyeron que pedía que no quería estarse volviendo tonta o senil.

-Antes le daba por otras cosas, llegad a esta edad le da por eso.
-Pero tienen que aparecer el anillo o lo va a pasar muy mal. Habrá que tener cuidado al barrer y...

Doña Marta debió oír la conversación de los dos hermanos desde su cuarto porque vino gritando:

-Comolohayasbarridotematoparecementiraquetengáistanpocorespetoporvuestrospadresyelmalrato
quemeestáishaciendopasaresparadarosdebofetadas...
-Bueno -dijo Fran-, al menos parece que no está mala, es capaz de las mismas peroratas de siempre.

Al día siguiente Doña Marta se fue a lavar las manos y pegó un grito tremendo:

-Elanilloestabacaídoenelsuelomeacordabaquelaúltimavezquelovifuelavándomelasmanosyaha
aparecidoparaquenodigáisquenoseescuchanmisoracionesperotendréquetenercuidadoporquelopaso
muymal...
-Bueno, tú asume que te va seguir pasando. Perderás cosas y las encontrarás. Como siempre ha ocurrido.
-Peroaantesnoestabaviejaahoramedamiedocuandomepasacadavezesmásaterradorprometedmequesi
semevalacabezamelodiréis...
-Bueno, el caso es que una vez más se demuestra el juego que da que se pierda un anillo. Como en Airbag, El Señor de los Anillos...