La noche trajo un descanso, pero no una tregua entre los dos contendientes. Cuando cenaron una pizza calentada en el horno, Abadía se sentó entre los protagonistas de la disputa, ya que el Grelos no se veía capaz de evita la agresión física entre ambos. Julián no pedía perdón, pues consideraba que cualquier referencia al tema sólo empeoraría la situación. Por su parte Gordal, que normalmente era un gran comedor, capaz de rivalizar con el mismísimo Obélix, estaba tan reconcomido por dentro que era incapaz de probar bocado.
Fue una cena tensa donde nadie dijo nada. Jaime, visiblemente incómodo trató de romper el hielo diciendo:
-Bueno, habrá que hacer una salida.
-Sí, vamos a por perras –respondió Julián- Estoy dispuesto a...
-No vas a hacer nada de eso, porque te voy a capar-interrumpió nuestro hombre.
-Tíos, no podéis seguir así. Hemos venido a pasarlo bien.-Medió Grelos, que tenía el don de entender como nadie a la gente- Dile que lo sientes, y tú Fran, ¿es que no tela machacas?
-Yo no le daría al mortero si eso supusiera una ofensa sobre alguna de sus pertenencias. ¿Os habéis enterado acaso estos días de cuándo me he tocado?
-Joder, perdona.Yo dudo de que tú tengas la menor líbido –añadió Julián- Por eso no has visto jamás un chocho. Así que el acto de cascársela te resulta incomprensible.
-¡Me cago en diez, mi hermano dice que parezco un mono! –respondió a voz en grito Gordal.-¡Me la machaco como un orangután, hijo de puta!
No hay comentarios:
Publicar un comentario